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Don y misterio
Bodas de Plata episcopales de monseñor Javier Prado en Rancagua

En una emotiva ceremonia en la Catedral de Rancagua se dio gracias por los 25 años de ordenación episcopal de monseñor Javier Prado, Obispo emérito de esta diócesis, ocasión en la que también se dio inicio a la celebración del Año Sacerdotal.
Jueves 03 de Septiembre del 2009
  
A las 19 horas de este miércoles dos de septiembre, se daba inicio a la ceremonia. La fría y lluviosa tarde rancagüina contrastó con la calidez de la comunidad rancagüina que recibió a sus sacerdotes y pastores.

La procesión la cerró el Obispo emérito de Rancagua Javier Prado. A medida que avanzaba por el pasillo central, fue revestido por sacerdotes ordenados por él a lo largo de los once años que estuvo a la cabeza de esta diócesis. Al llegar al altar, monseñor Alejandro Goic le cedió el báculo, último signo de la envestidura episcopal.

Debilidad del instrumento y la grandeza de Dios

Monseñor Prado presidió la eucaristía recordando en la homilía que la vocación sacerdotal, y también la episcopal, son un don y un misterio, vividos por él en plenitud durante sus 56 años sacerdotales y los 25 episcopales.

“Don y misterio de la gracia del Señor. El sacerdocio y el episcopado nos ponen en permanente contacto con la santidad de Dios y nos permite descubrir cómo esa santidad de Dios llega al corazón del hombre a través de nuestras manos, de nuestra voz, del servicio de la palabra y de la Eucaristía. Poco a poco uno va descubriendo esas maravillas de Dios. Quizá no hay momento más “misterioso” en la vida del Obispo que aquél en el que él impone las manos y ordena a un nuevo sacerdote. Que infinidad de poderes y de gracias está transmitiendo a ese neo presbítero, en el nombre del Señor. En ese momento uno siente la debilidad del instrumento y la grandeza de Dios”.

Que todos sean uno

Después de recordar con cariño y gratitud su paso por las Diócesis de Iquique donde estuvo tres años antes de ser nombrado Obispo Auxiliar de Valparaíso y, posteriormente Obispo de Rancagua, monseñor Prado manifestó que eligió como lema episcopal “Que sean uno como Tu Padre y Yo somos uno”, porque: “mi deseo era y es cumplir con este legado de Jesús”.

“He tratado de cumplir con este lema, hermosa herencia de Jesús el Señor. En mi ministerio episcopal y en el modesto servicio a los hermanos he buscado siempre la unidad. Tengo conciencia clara que no siempre lo he hecho bien o no siempre he utilizado los mejores medios que me pudieran llevar a ese fin y por eso, hoy pido perdón, por las esperanzas no logradas, la expectativas insatisfechas y los daños involuntarios que haya podido causar a personas, hermanos en la fe y en el amor, que no siempre encontraron en mí al pastor buscador de la unidad que se había comprometido a serlo ante el Señor y ante la comunidad eclesial”.

Monseñor Prado finalizó su homilía recordando que: “En este Año Sacerdotal comprometemos nuestra oración con y por nuestros sacerdotes para que en fidelidad al Señor que nos ha llamado podamos servir con gozo a nuestros hermanos y con el testimonio de alegre servicio del Señor, seamos capaces de despertar en el corazón de muchos jóvenes la inquietud por imitar aquello que descubren en sus sacerdotes más cercanos”.

El Obispo emérito abandonó la Diócesis de Rancagua el jueves 3 de septiembre, después de compartir una eucaristía y un desayuno con el personal de la curia, quienes agradecieron poder acompañar a monseñor Javier Prado en sus Bodas de Plata episcopales.



Fuente: Comunicaciones Rancagua


Rancagua, 03/09/2009