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Consagran Vírgenes de la Iglesia a seis mujeres, en su mayoría profesionales
Sabado 03 de Mayo del 2003
  

Seis mujeres, la mayoría de ellas profesionales, fueron consagradas como Vírgenes de la Iglesia por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, durante una ceremonia litúrgica el sábado 3 de mayo, a las 10:00 horas, en la Catedral Metropolitana. Con esta consagración nace en la Arquidiócesis de Santiago el “Ordo Virginum” (Orden de las Vírgenes Consagradas).

Las futuras Vírgenes de la Iglesia son: Ana María Álvarez Toro (38 años), asistente social y voluntaria de la Fundación Auxilio Maltés; Marcela Solís de Ovando (40), estudiante de Pedagogía en Religión; M. Cecilia Mahaluff Rivadeneira (31), Abogada y especialista en Mediación Familiar; Ligia Spotorno Lagos (29), Profesora de Artes Plásticas, Asesora de la Pastoral Juvenil de la Parroquia Santa Clara; Mónica Varas Medina (43), Técnico en Pastelería Internacional y estudiante de Teología para Laicos en la Universidad Católica de Chile y Nancy Velásquez Andrade (43), Secretaria Nacional de la Pastoral Penitenciaria y Coordinadora del Ordo Virginum.

Una virgen consagrada, como su nombre lo indica, es una mujer consagrada a Dios, como esposa de Cristo, al servicio de la Iglesia. Es Virgen porque la Iglesia es virgen. Esta vocación surgió en los primeros siglos del cristianismo, época en que conservando su virginidad las mujeres eran consagradas a Dios por su Obispo. Ellas llevaban una vida de oración y de servicio al prójimo aunque permanecían con su familia.

Fue así como en Francia, Santa Genoveva de París fue consagrada alrededor del siglo V de nuestra era. Después del desarrollo de la vida monástica, además de las congregaciones religiosas, las vírgenes consagradas permanecieron paralelamente a las monjas. Sin embargo, esta vocación fue decreciendo con el tiempo.

La reforma litúrgica conciliar abrió de nuevo esta posibilidad a las mujeres, con la promulgación del ritual revisado el 31 de mayo de 1970.

A diferencia de las órdenes y congregaciones religiosas, el Orden de las vírgenes no tiene reglamentos ni estructura comunitaria. Las vírgenes consagradas son reconocidas por el Derecho Canónico, al lado de las monjas, religiosas y miembros de los institutos seculares: “A estas formas de vida consagrada se ajusta el Orden de las Vírgenes: se proponen seguir a Cristo de una manera siempre presente, ellas son consagradas a Dios por el Obispo de la diócesis, según el rito litúrgico aprobado, son desposadas místicamente a Cristo Hijo de Dios y dedicadas al servicio de la Iglesia”.



Santiago, 03/05/2003