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Obispo comprometió una capilla provisoria para Huilquilemu
Sacerdotes de la Diócesis de Iquique Renovaron sus votos en Misa Crismal

En profunda unión y comunión con los hermanos que sufren el embate del terremoto y tsunami en el centro y sur del país, el Obispo de Iquique consagró el Santo Crisma y bendijo los santos Óleos de los catecúmenos y enfermos en la Misa Crismal, en al que además los sacerdotes renovaron sus votos de entrega y servicio del reino de Dios.
Jueves 01 de Abril del 2010
  
La asamblea presente, que repletó la Catedral Inmaculada Concepción, en oración y atentos a las palabras del Obispo, acompañó con oración el emotivo momento que vivieron una vez más los sacerdotes que acompañan el caminar del pueblo cristiano católico de la Región de Tarapacá.

Inmediatamente después, monseñor Marco Ordenes también bendijo los Santos Oleos y consagró el Santo Crisma, aceites destinados para la santificación de los creyentes. De este modo, los Cargadores de la Agrupación San Lorenzo presentaron el Óleo para los Enfermos, el cual será utilizado en la unción de los que sufren dolencias y quienes han alcanzado la ancianidad, y con el cual. A través de este aceite encontrarán la protección y el alivio en el alma y en el cuerpo.

También fue bendecido el Óleo para los Catecúmenos, el cual desde antiguo la Iglesia lo ha usado para ungir a quienes se preparan para recibir los sacramentos del Bautismo y la Confirmación. Este aceite fue presentado por representantes del Camino neocatecumenal.

En la oportunidad, representantes de la parroquia San José de Iquique, presentaron al Obispo y la asamblea el Santo Crisma, el cual fue bendecido y consagrado. Este aceite es reservado para ungir al pueblo sacerdotal, todos los bautizados y ministros consagrados. Es un óleo preparado con perfumes, que recuerdan la fragancia de Cristo. Así, monseñor Marco Antonio Ordenes, acompañado por todos los sacerdotes, invocó la presencia del Espíritu Santo y consagró el Santo Cristo soplando sobre el.

Homilía
Ante la proclamación de Evangelio, en que el Señor anunció el Tiempo de Gracia, en el cual la misericordia es abundante, el Obispo de Iquique invitó a preguntarse “¿Es posible creerlo? ¿Podemos creer en tan grande anuncio, cuando las noticias de estos últimos tiempos son más bien de destrucción, de muerte, de dolor? ¿Podemos creer en esto, cuando abundan noticias de inquietud y hasta cierto desaliento por el futuro, que llegan a desarmar tantos proyectos celebrativos de nuestro bicentenario? ¿Cómo creer en esta Buena noticia, cuando también en estos días, la Iglesia experimenta vergüenza por los delitos cometidos por algunos hermanos sacerdotes, pero a la vez una preocupante persecución que intenta destruirla en su anuncio del mismo cristianismo?”.

Estas preguntas, dice monseñor Ordenes “nos lleva a una actitud radical: colocarnos ante la Palabra que es Cristo, y preguntarnos por nuestro vínculo con ella. La Palabra hecha carne ha entrado en la sinagoga de Nazaret, y proclama la verdad de la cercanía de Dios. ¡Es cierto! Dios está entre nosotros, y su presencia es la que nos regala el tiempo de la misericordia, de la reconciliación, de la paz y de una auténtica unidad, pues él mismo lo ha dicho: sin mí, nada pueden hacer”.

Así, y al igual que la Virgen, el discípulo se encuentra con esta Palabra y la guarda en su corazón, encontrándose no con una idea, norma o ideología, sino con Jesucristo quien, sostenido por el Espíritu, en la cruz es la manifestación más radical del amor sin límites, afirmó el Pastor de Iquique, y aseguró que esta vivencia del Señor es la causa por la que creemos en lo que dice, “aún en la misma contrariedad, en medio del dolor y del sufrimiento, incluso sumergidos en la miseria y en la muerte”.

Del mismo modo, aseguró esta noche, en que son bendecidos los santos óleos y consagrado el Santo Crisma, para ungir el camino de los discípulos “y consagrar a los nuevos cristianos y sacerdotes, proclamamos nuestra confianza en el Dios que nos consuela con la fuerza de su Espíritu, y nos regala la unción de su presencia, pues sin ella, la vida misma pierde sentido.

“Nuestro grito, el grito desgarrado de tantos que hoy día sufren al ver seres queridos y bienes materiales perdidos cuantiosamente, es la primera palabra de un diálogo en verdad, es la primera palabra de un diálogo que exige confianza. No se forma un discípulo de forma madura, si no dialoga desde la verdad con el Señor. Acaso ¿no son las situaciones más límites de la vida las que nos han permitido descubrir con mayor intensidad a Dios? Entre los escombros, entre las tristezas contenidas, entre los temores guardados anda el Señor. ¡Que entre al interior de tu casa para proclamar allí, el anuncio de la Salvación! ¡Que entre en lo profundo de tu corazón y que allí escuches las palabras que vencen a la muerte: No temas, Soy Yo … te amo y tengo misericordia de ti porque te llevo grabado en las palmas de mis manos”.

También se dirigió a los sacerdotes, y les dijo que “por estos caminos se inscribe nuestra y vuestra misión. Nosotros somos los testigos en la tierra de la verdad eterna del cielo, y ante el cielo, los que gritan las angustias y cantan las esperanzas de la tierra. Este es el rol que el Señor nos ha regalado, ungiéndonos con el Santo Crisma para esta misión: ser pastores con el corazón de Cristo. En este año sacerdotal, y en esta noche de la renovación de nuestras promesas, volvamos a suplicar la Gracia de ser pontífices, puentes entre Dios y los hombres. Porque nuestras comunidades necesitan el pastor cercano, que está siempre dispuesto a escuchar, que con su sola presencia, incluso en las cosas insignificantes, revela la presencia del Señor y su consuelo. Necesitan el pastor bueno, que ama y acoge con el corazón de Cristo, que no se queda pegado en sus gustos y opciones, sino que se entrega imitando al Maestro, muriéndose a sí mismo, en la donación radical de su tiempo y de su vida”.

“El Señor encontró a David su siervo y lo ungió. Querido sacerdote, un día te encontró a ti y te ungió las manos y te miró con cariño: ¡vuelve a recrear esta noche ese momento! Mírate las manos, no tienen ya la lozanía del primer momento, pero tienen gastado y admirablemente renovado el óleo de la unción, cada vez que celebras la Eucaristía, que entregas el perdón de los pecados, que unges al enfermo, bendices y consuelas al triste, y te comprometes con el pobre y excluido. Son esos los momentos, donde el buen olor de Cristo, se va derramando por donde pasas. ¡Que tu parroquia, que tu servicio pastoral, que toda tu vida vaya manifestando tu amor y tu entrega radical al Maestro que amas y que te ama!”, dijo monseñor Marco Ordenes.

Finalmente invitó a la “Querida Iglesia de Iquique: ¡Es verdad, lo que has oído es cierto! Dios cambia la suerte de los suyos y no los abandona. María, la Estrella del Camino lo sabe, por eso espera en la cruz cuando ya nadie más lo hace. Con el Señor Jesús, llegó el nuevo tiempo de la salvación que en estos santos días conmemoramos. ¡No temas, camina con el Señor! Y ruega por nosotros, tus pastores, para que seamos esos puentes tendidos entre el cielo y la tierra en medio de ustedes, y que son el signo de la acogida, la misericordia y la esperanza”.

Capilla para Huilquilemu
Cabe señalar también que durante esta Misa Crismal, en que la Diócesis de Iquique levantó con fe su oración al iniciar el triduo pascual, el Obispo al momento de la colecta, el poder ayudar para la construcción de capillas provisorias para quienes hoy día no pueden asistir a sus templos ya que se encuentran destruidos en el su de nuestro país. “La fundación Ayuda a la Iglesia que sufre, que nos ha ayudado a construir templos en Alto Hospicio y reconstruir iglesias en los pueblos del interior, nos da la oportunidad de concretar esta ayuda. Una capilla provisoria, con una capacidad de 100 personas sentadas, tiene un valor de $10.000.000. Este será nuestro compromiso: el poder colaborar en el sector poblacional ligado al Monasterio de las Carmelitas descalzas de Talca, en el sector llamado Huilquilemu”.

Las carmelitas, que en este momento también se encuentran orando por nuestra diócesis, llevan en Talca 113 años, y el templo que utilizaban ellas y la comunidad del lugar para la oración, quedó totalmente destruido. “Colaboremos con nuestros hermanos”.

Fuente: Comunicaciones Iquique

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iquique, 01/04/2010