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La fiesta de la Santa Cruz es nuestra Pascua

Los pueblos de Chapiquilta, Quiasma, Chiapa, Chusmiza, Sibaya, Huarasiña, Poroma y Mamiña, son algunos de los pueblos del Mundo Andino que celebrarán el próximo 3 de mayo, la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, como celebración patronal.
Viernes 30 de Abril del 2010
  
También otros tantos pueblos realizan este festejo en honor al árbol divino y glorioso en el cual muere Jesucristo y también resucita para dar vida. Así lo aseguró la encargada de la Pastoral Andina de la Diócesis de Iquique, Jenoveva Carrillo.

“La Fiesta de la Santa Cruz es una fiesta grande en toda Latinoamérica, en la que el pueblo vuelve o retorna a sus tierras para celebrar la vida. Se dice mucho que el andino se ha quedado en la muerte de Jesús y no han pasado a la resurrección, a la vida. Puede ser, pues en la mayoría de los pueblos, la gente participa mucho en la Semana Santa hasta la muerte de Jesús, sobre todo en la procesión del Cristo yacente”, dijo y explicó que el mundo andino “hemos aprendido que la resurrección de Jesucristo sucedió tres días después de la muerte en la Cruz. En este sentido, yo creo que en donde se festeja la Fiesta de la Cruz, resucitó un poco después, en mayo”.

En mayo recién “se hace sentir ese fervor por la resurrección, por la celebración, por el compartir, por el reencuentro, por la amistad. Los dueños de casa andan preocupados por no defraudar a la gente que viene por no defraudar a la Cruz, y es que este madero sagrado, en la experiencia de vida de los alferados, no es un objeto, sino que es como una persona en la familia, alguien vivo que no se puede dejar solo, de lo contrario ¿quién va a atenderle? No se puede pasar delante de ella y no decir nada, pues hay que saludarla o quedarnos un rato con ella, y los que han hecho esa experiencia saben que es agradable estar con allí. Igual para los vecinos, pues la Cruz es alguien que deja marcada su presencia entre ellos”, aseveró la encargada de la Pastoral Andina.

También invitó “regresemos a la Cruz y veamos su rostro, es alguien sufriendo, es alguien que ya ha sufrido y que está muriendo; quizás es ese dolor es lo que hace que la Cruz sea especial, pues no es algo extremo, es como un hombre o una mujer andino y, reflejado en ellos, un pueblo que sufre diariamente la pobreza, la injusticia y la indiferencia, incluso las nuestras”.

“Pero ese dolor no tiene un fin en si mismo, es un dolor en búsqueda, un dolor que busca ser superado a fuerza de esperanza, en un nuevo tiempo, en una nueva vida, en un paso de la muerte a la vida, en la Pascua, en la creación de una sociedad más agradable para los niños que acompañan a los adultos a visitarla, a cantarle y que se quedan maravillados de la manera en que las cruces los esperan”.

Finalmente, Jenoveva Carrillo dijo que “éstas (las cruces andinas) son cruces que no tienen nada de sufriente, sino que irradian vida, emoción con el solo hecho de verlas, con luz, color de la naturaleza, en las que están inmersas en medio de flores, de alegría, de esperanza en un lugar donde es posible sentirse escuchado por el crucificado en medio del bullicio de la fiesta. Ahí recién se puede entender aquel árbol de la vida plantado en medio de un jardín, que nos narra el libro del génesis, un árbol en el que el crucificado es solo una pintura que nos recuerda su sacrificio por amor, porque el ya se bajó hace mucho tiempo del madero para estar junto a nosotros, haciéndose niño, adulto, anciano, alferado, visitante, incluso no creyente, pero admirado de aquello propio de los humanos; como la esperanza, verdaderamente encarnado vivo y festejando la vida”.

Fuente: Comunicaciones Iquique


Iquique, 30/04/2010