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Iquique elevó Acción de Gracias por las Glorias Navales

Con una solemne liturgia, presidida por Monseñor Marco Antonio Ordenes, la Diócesis de Iquique elevó su plegaria por todos los que murieron en la Guerra del Pacífico y tantos otros caídos en la lucha por el noble ideal y la Patria.
Viernes 21 de Mayo del 2010
  
Durante la celebración, oficiada en la parroquia Catedral Inmaculada Concepción, fue expuesto el libro que contiene el acta de defunción del héroe patrio y diez uniformados de la Armada chilena subieron al altar con cirios en mano, como signo de la luz mientras la asamblea escuchaba atenta el sonar fúnebre de la trompeta.

Inmediatamente después, la oración que Jesús dejó para dirigirse al Padre y el Ave María, para pedir a Dios el regalo de la Gloria y la Victoria, la misma que entregó a Prat y sus hombres en esta rada y para que la Estrella del mar, “Madre de Chile nos guarde firmes y creyentes en medio de toda tempestad.

Bendición de busto de Arturo Prat

Al finalizar esta celebración litúrgica, a la que asistieron las más altas autoridades civiles y de las Fuerzas Armadas de la región, monseñor Marco Antonio Ordenes bendijo el busto de Arturo Prat, el cual permanecerá al costado derecho de la entrada de la nave central de la Catedral Inmaculada concepción de Iquique.

Así, la placa recordatoria del héroe chileno y sus hombres, se plasma en la muralla del templo mayor del nuestra diócesis, con el relato: “Luego del combate naval del 21 de mayo de 1879, ocurrido en la rada de esta ciudad, Grau en un noble gesto, entregó el cuerpo de Prat y Serrano para que recibieran cristiana sepultura. El ciudadano español, Eduardo Llanos, realizó las gestiones y los sepultó en el cementerio de la ciudad, cuyas actas de defunciones se encuentran en este Obispado.

Algunos años después el cuerpo de Prat fue trasladado hasta este templo, Catedral donde fue sepultado en el altar mayor. El 5 de mayo de 1888 fue exhumado para ser llevado en el monitor Huáscar a Valparaíso, donde fue sepultado en el monumento a los Héroes de Iquique.

Prat con su vida dio testimonio de un cristianismo ejemplar. Fue un noble marino, esposo, padre y un servidor social. Su vida la vivió con virtud y esfuerzo; y la ofrendó a su Patria y a Dios con el escapulario de la Virgen del Carmen aferrado al pecho, siendo ejemplo para las nuevas generaciones.

Que el Señor, por el sacrificio de hombres y mujeres en aras de sus ideales, nos regale a todos los pueblos paz y fraternidad”.

Homilía

“En la vieja Esmeralda, hundida en nuestras aguas de Iquique, y que sigue custodiada por la veneración y el cariño de la Patria y de los hijos de esta región, estaba escrito: Gloria y victoria”. Frente a estas dos palabras, monseñor Ordenes afirmó que “la victoria no es cuestión por sí misma, sino que requiere de la compañía de la gloria. La victoria es el triunfo, necesario y buscado. Anhelado por lo más profundo de los impulsos humanos que busca su bien. Pero la victoria por sí misma, puede transformarse en una tentación enorme, en un homenaje al egoísmo humano y a su individualismo que es destructivo de todo”.

Sin embargo, también aseguró que en una sociedad que promueve el éxito de sus miembros, la victoria es una realidad que muchas veces se busca a cualquier costo y es precisamente en ello donde radica el problema de ser victorioso sin alcanzar la gloria. “Un triunfo económico pero que es a costa de la explotación de otros, una victoria que se alcanzó gracias a la trampa, tiene en su raíz algo profundamente errado (…) La gloria es el verdadero contenido del triunfo. ¿Qué hizo más victorioso a Grau? ¿la hidalguía de sus actos o las maniobras del estratega militar? Y Prat ¿por qué vence con una derrota? Es la gloria el verdadero contenido de los héroes”.

“Esta profunda identidad en el ser y su sentido es lo que nos quiere regalar Dios. Nos invita en el libro del Eclesiástico y nos recuerda: aplica tu corazón a mis palabras. Dios tiene la fuerza y el conocimiento de una verdad que nos lleva a plenitud de nosotros mismos; y es esa plenitud, que brota de la virtud heroica, la que forja definitivamente al héroe. En Dios la persona encuentra ante todo sentido de vida, horizonte de futuro e identidad de hijo”, enfatizó monseñor Ordenes.

También señaló que en la actualidad, y en este año del bicentenario y de grandes desafíos para la Patria, “Chile, requiere de la victoria frente a las circunstancias del terremoto, ante la situación de desigualdad social. Necesita conquistar la calidad de sus servicios para crecer en desarrollo. Requiere conquistar la victoria sobre la violencia en sus más variadas formas, ligadas a las fuentes de la pobreza y al estrago de la drogadicción”, y agregó que si bien son muchos los combates en estos tiempos de desafíos; de tantas luchas para alcanzar nuevas victorias, también debe recordar que “no hay verdadera victoria sin gloria, y que la gloria se traduce en virtud”.

La Sagrada Escritura recuerda que el hombre tiene la facultad de conocer el bien y el mal, y que es invitado a guardarse de todo aquello que lo puede destruir, dijo el Obispo y destacó que Aristóteles, enseñaba que el justo medio del ser humano está en la virtud; es decir, en el ejercicio constante de aquello que es bueno, justo y verdadero. “No basta con saber que existen ideales, valores, grandes principios. Si no se ejercitan diariamente, y especialmente en los momentos de prueba, difícilmente serán una realidad en la vida de las personas por muy delineados que éstos hayan sido (…) La virtud es el ejercicio en todo momento del bien que va más allá de mis propios intereses. Este es el contenido de la gloria. Esto es lo que hace que la victoria se grabe a fuego en los momentos más difíciles e incluso en los momentos de dolor y derrota”.

“En estos días podemos repetir con el salmista: atiéndenos en el día de la angustia. En los momentos difíciles, de pérdida de valores y sentidos, de fatigas por la aceleración de la vida y de sobresalto existencial, ante el combate de la existencia misma, nos tenemos que preguntar ¿A dónde acudir para obtener no sólo victoria, sino con gloria?. Los discípulos fueron a despertar al Maestro que dormía en la misma barca, y le suplicaron que los salvara del temporal. Esta es la invitación de la fe: La gloria y la victoria se obtiene de verdad cuando Dios marcha con nosotros. Cuando va como un sello en el corazón”, afirmó monseñor Ordenes.

Del mismo modo resaltó que Prat, como tantos otros, llevaban el escapulario de la Virgen del Carmen al cuello, bajo sus uniformes, tocando la piel y empapándose con el sudor provocado por los ardores complejos del combate. “El escapulario es el testimonio de la Fe, humilde y creyente, que invita al ejercicio constante de la virtud, que en el nombre del Señor me hace buscar el bien que me muestra y en el que me invita a cada momento a permanecer”.

“Aristóteles decía que el bien es camino de la persona, pero nosotros también sabemos que, para recorrerlo, necesitamos permanecer sin distanciarnos de la ruta. Los cristianos encontramos esa fuerza de permanencia en Dios, que en Jesucristo ha vencido el mal, y que calma la tempestad”, finalizó el Pastor.

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Fuente: Comunicaciones Iquique


Iquique, 21/05/2010