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El lunes 25 de julio:
Santiago celebró a su Patrono

Como ha sido tradición en los últimos años, con una solemne Misa la Iglesia de Santiago celebró la festividad de su patrono, Santiago Apóstol, durante la cual el Cardenal Francisco Javier Errázuriz entregó la condecoración Cruz del Apóstol Santiago a personas que se han destacado por su servicio a la Iglesia en diversos ámbitos.
Miercoles 27 de Julio del 2005
  
La noche del 25 de julio, los transeúntes que habitualmente cruzan la Plaza de Armas se vieron sorprendidos cuando desde la Catedral Metropolitana salía un grupo de músicos y bailarines, con gaitas y tambores, -y vestidos con trajes típicos españoles, encabezaban una procesión por el principal paseo de la capital. En calle Estado con el pasaje Philips, se detuvo la marcha y el Cardenal Francisco Javier Errázuriz -y la veintena de sacerdotes que lo acompañaba- procedió a la bendición de una estatua a Santiago Apóstol. Era el homenaje de la ciudad a su patrono.

Previamente, ante una Catedral repleta de fieles, principalmente miembros de los consejos pastorales parroquiales, el Arzobispo de Santiago presidió una solemne Eucaristía. Al inicio del oficio religioso, se rindió un homenaje al Padre Carlos Decker por su labor en el campo de la Catequesis Familiar. Al respecto, Monseñor Ricardo Ezzati, Obispo Auxiliar de Santiago, destacó los más de 35 años que el P. Decker estuvo a cargo del Instituto de Catequesis.

Homilía

“No todas las ciudades del mundo fueron bautizadas con el nombre de un santo, y son pocas las que tienen la alegría de llevar el nombre de uno de los apóstoles de Jesús, en el cual él depositó toda su confianza, y al que distinguió con signos de especial amistad”, dijo Monseñor Errázuriz en su homilía.

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Identificarnos con él...

“Al recordar al Apóstol en su primer encuentro con Jesús, -agregó el Cardenal Errázuriz- no podemos dejar de identificarnos con él y de pedirle: Santiago apóstol, mira a los habitantes de esta gran Ciudad, que pasan por alegrías y por pesares, por agotadores jornadas y por decepciones, por rivalidades y por esperanzas, y mueve sus corazones a sentir una profunda admiración por Jesucristo, a escuchar sus palabras de vida eterna, también en medio de las labores cotidianas, a creer en su palabra y en sus peticiones, a remar mar adentro al inicio de este milenio, a echar con confianza y audacia las redes de la evangelización misionera, a colaborar con el fruto de sus obras milagrosas, y enséñanos a creer en Él y a seguirlo, dejando lo que sea, cada vez que Él nos invite y nos de una vocación de mayor consagración a su Reino, llamándonos a ser pescadores de hombres”.

Más adelante, Monseñor Errázuriz agradeció a todos cuántos favorecen la vida digna de los habitantes de Santiago y pidió al Señor la Vida su protección. “A Él le pedimos –dijo- que bendiga los esfuerzos que se realizan para que nadie sucumba ante la tentación de huir de esta gran Ciudad, por los túneles de la droga o del alcohol, de la deshonestidad o de tráficos que hieren la dignidad de las personas. Pedimos que tengan éxito lo que hacen por favorecer el esfuerzo y la honradez, el clima de fraternidad y de paz, las oportunidades de estudio, comunicación y trabajo, la transparencia del aire, del agua y del trato humano”.

“También nosotros –agregó- nos sentimos comprometidos con la gran Ciudad. Nuestro esfuerzo ha sido y seguirá siendo el de llevar siempre el agua viva del Evangelio a nuestra convivencia, hasta los rincones más olvidados, de manera que todos nos acerquemos a Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien, y a los hermanos, para servirlos en su nombre”.

Condecorados con la Cruz Santiago Apóstol

Durante la eucaristía, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, retomando una tradición de los últimos años, procedió a entregar la condecoración Santiago Apóstol a un grupo de sacerdotes y laicos. “Ellos representan a innumerables bautizados que han colaborado… a que muchos chilenos hayan tenido por su solidaridad y su fe, experiencias de cielo. A todos ellos, que llegue la profunda gratitud de nuestra Arquidiócesis por sus servicios, y por haber perseverado en la decisión, tan cristiana, de permanecer en la esperanza y el amor”.

Los condecorados

Alfredo Ahumada Allercon, por su generoso trabajo como voluntario de Cáritas, en la pastoral de enfermos de la Zona Sur y como Ministro de la Comunión en la Parroquia Resurrección del Señor.

P. José Ignacio Cifuentes Grez, 89 años de edad, por su gran apostolado en la Parroquia Santo Tomás de Aquino, durante 31 años, y su testimonio de vida sacerdotal con el espíritu de San Ignacio de Loyola…

P. Juan de Castro Reyes, por su generosidad en el trabajo pastoral en distintas vicarías y en la formación de seminaristas… ex Vicario de la Educación y de la Vicaría de la Solidaridad.

D. Roberto Díaz y Sra. Martha de La Noi, por su generosa dedicación a la Pastoral Familiar, su testimonio como matrimonio cristiano y su espíritu de responsabilidad laical.

Leonardo Giavio, Sergio Molina Silva, José Zabala de la Fuente y Nicolás Flaño Calderón, por la generosidad de trabajar como equipo en comunión eclesial, con entusiasmo e inteligencia, a favor de la promoción humana y la aplicación de la enseñanza social de la Iglesia.

Anita Gossens Roell, nacida en Bélgica, profesora, por su activa, generosa y constante colaboración en la promoción humana y la evangelización, en la población La Legua

D. Pedro Marambio Leyton y Sra. Amada Carrasco Banda, por su generosa dedicación a la educación de la fe y a la animación de las comunidades cristianas en las Parroquias de Puente Alto

Sergio Ossa Pretot, ex embajador de Chile ante la Santa Sede, por su testimonio de vida cristiana.

María Luisa Sepúlveda Edwards, por su labor destacada en defensa de los derechos humanos, realizada en el Comité por la Paz en Chile, en la Vicaría de la Solidaridad y en la Comisión de Prisión Política y Tortura en Chile, ayudando a la reconciliación en nuestra patria.

Sra. Isabel Campos Barrera, por su abnegado y generoso testimonio de vida cristiana y servicio en la Catedral de la Arquidiócesis de Santiago, con un gran espíritu de eclesialidad

Fuente: DOP Santiago


Santiago, 27/07/2005