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Ambición y carrerismo son incompatibles con el seguimiento de Cristo

El papa Francisco hizo un apremiante llamado a la paz en Medio Oriente, durante el rezo del Angelus al comentar la violencia en Tierra Santa. Este domingo el Pontífice canonizó a cuatro nuevos santos, entre ellos a los padres de Santa Teresita del Niño Jesús.
Domingo 18 de Octubre del 2015
  
"No al odio y a la venganza", apremiante llamamiento del Papa a la hora del Ángelus ante la violencia en Tierra Santa. El Santo Padre pide que se haga la paz y que recemos para que Dios nos refuerce a todos, a gobernantes y ciudadanos, para dar pasos concretos ante este gran conflicto del Medio Oriente.

Expresó el Papa: "Sigo con gran preocupación la situación de tensión y violencia que afecta la Tierra Santa. En este momento se necesita mucho coraje y mucha fortaleza de ánimo para decir no al odio y a la venganza y cumplir gestos de paz. Por esto rezamos, para que Dios refuerce en todos, gobernantes y ciudadanos, la valentía de oponerse a la violencia y de realizar pasos concretos de distensión. En el contexto actual de Oriente Medio es más que nunca decisivo que se haga la paz en la Tierra Santa: esto nos pide Dios y el bien de la humanidad".

Cuatro nuevos santos

En la Santa Misa celebrada en la Plaza de san Pedro el Papa proclamó cuatro nuevos santos: se trata de San Luis Martin y Santa María Celia Guérin, padres de Santa Teresita del Niño Jesús, de San Vicente Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio, y de Santa María de la Purísima, superiora de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, quienes serán devotamente honrados en toda la Iglesia a partir de este domingo. "El testimonio luminoso de estos nuevos santos - dijo el Obispo de Roma en su homilía - nos estimulan a perseverar en el camino del servicio alegre a los hermanos, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María. Ahora, desde el cielo, velan sobre nosotros y nos sostienen con su poderosa intercesión".

San Vicente Grossi, de la Diócesis de Cremona, Italia, fue un ferviente pastor de almas durante todos los años de su sacerdocio. Nació en 1845 y en 1869 fue ordenado presbítero. Ejerció el sagrado ministerio en diversas parroquias, primero como vice párroco y luego como párroco, distinguiéndose por la fidelidad al sacerdocio y al Papa, por la caridad hacia los pobres y por el compromiso en la evangelización y en la catequesis. Sensible a la formación cristiana de los jóvenes del campo, fundó la Congregación de las Hijas del Oratorio. Murió pobre en 1917 y fue beatificado el 1º de noviembre de 1975.

Santa María de la Purísima, entonces María Isabel Salvat Romero, brilló por la coherencia y la generosidad en la vida consagrada. Nació en Madrid en 1926. Entre muchas tribulaciones pasó a través de la guerra civil que ensangrentó España en el siglo pasado. Ferviente en su amor hacia los pobres entró en el Instituto de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, fundado en Sevilla por Santa Teresa de la Cruz para la asistencia a domicilio de los enfermos y de las familias más necesitadas. Fue Superiora General de su Congregación desde 1977 hasta su muerte en 1998. Derramó alegría y humildad, gran caridad por sus hermanas y serena conformidad a la voluntad de Dios. Fue elevada al honor de los altares el 18 de setiembre de 2010.

San Luis Martin y Santa María Celia Guérin honraron con su vida el matrimonio y la familia cristiana, como cónyuges y padres ejemplares. Luis nació en Bordeaux en 1823 y se dedicó al comercio como propietario de un negocio de orfebrería y relojería. En 1858 contrajo matrimonio con María Celia Guérin, nacida en Alenzón en 1831, quien dirigía una pequeña empresa de encajes. Su familia fue verdaderamente una pequeña iglesia en la que reinaba una fe alegre y profunda y una caridad delicada y premurosa. Juntos recorrieron el camino de la santidad conyugal. De su unión nacieron nueve hijos, pero sobrevivieron sólo cinco, cuatro de ellos, entre los cuales Santa Teresa del Niño Jesús, entraron en el Carmelo de Lisieux y la quinta fue religiosa Visitandina en Caen. En su vocación religiosa fue decisivo el ejemplo cotidiano de los padres. María Celia, enferma de cáncer, murió en 1877 a los cuarenta y cinco años de edad. Su esposo transcurrió el último período de su vida en la oración y entre muchas enfermedades. Se durmió en el Señor en 1894 a los setenta y un años de edad. Luis y María Celia fueron beatificados juntos el 19 de octubre de 2008.

Son incompatibles la ambición y el carrerismo con el seguimiento de Cristo

En la homilía de la Misa, el papa Francisco destacó que hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y el servicio humilde que debería caracterizar a la autoridad según la enseñanza y el ejemplo de Jesús. "Incompatibilidad entre las ambiciones, el carrerismo y el seguimiento de Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado. En cambio, sí que hay compatibilidad entre Jesús «acostumbrado a sufrir» y nuestro sufrimiento".

Recordó el Pontífice que Cristo comparte totalmente nuestra condición humana, menos el pecado. "Jesús realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. Ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; el no tener pecado no le impide entender a los pecadores. Su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita, acompañar su atormentado camino".

Agregó que cada uno de nosotros, en cuanto bautizado, participa del sacerdocio de Cristo; "los fieles laicos del sacerdocio común, los sacerdotes del sacerdocio ministerial. Así, todos podemos recibir la caridad que brota de su Corazón abierto, tanto por nosotros como por los demás: llegando a ser «canales» de su amor, de su compasión, especialmente con los que sufren, los que están angustiados, los que han perdido la esperanza o están solos".

En ese sentido, recalco que los santos proclamados hoy sirvieron siempre a los hermanos con humildad y caridad extraordinaria, imitando así al divino Maestro. San Vicente Grossi fue un párroco celoso, preocupado por las necesidades de su gente, especialmente por la fragilidad de los jóvenes. Distribuyó a todos con ardor el pan de la Palabra y fue buen samaritano para los más necesitados.

Fuente: Radio Vaticana - News.va
Imágenes Agencias


Vaticano, 18/10/2015

 
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