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Arzobispo de Concepción llamó a cuidar la Democracia

Un llamado a construir una sociedad fraterna y justa y a cuidar la Democracia, realizó monseñor Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción, en la celebración del solemne Te deum, en la catedral.
Domingo 18 de Septiembre del 2016
  
A la celebración asistieron autoridades presididas por el Intendente Regional, Rodrigo Díaz, entre ellas, parlamentarios, seremis, directores de servicios público y autoridades y representantes de las FF. AA., Carabineros, PDI y numerosas personas.

En su mensaje Monseñor dijo que “Chile es un país maravilloso. Siempre habrá motivos para agradecer. Nadie es tan pobre que no tenga algo que entregarle en señal de agradecimiento”.
Expresó que “hay problemas, los ha habido, los habrán. Falta mucho para distribuir adecuadamente lo que el país genera y produce. Faltan más oportunidades y la pobreza de algunos es una herida abierta. No es fácil dar con la solución para tener más justicia. Tal vez desde el punto de vista social no es el país que queremos. Pero es el país que amamos”.

Planteó que los cambios que requiere el país en todas las áreas serán posible si cambiamos nuestro corazón. Si somos más asertivos para hacer nuestro el dolor del otro. Si somos más magnánimes, más justos, más misericordiosos, si nos interesamos por el bien común antes que del propio. Si salimos de nosotros mismos y entrar en la aventura fascinante de ver en los demás, especialmente si sufriente al mismo Cristo”.

Pidió especial “crecer en el interés por la casa común. Dios nos ha dado el mismo techo a todos. Si el trabajo es la forma de mejorarlo, debemos generar la cultura y el amor al trabajo bien hecho. Quienes diseñaron y construyeron e inspeccionaron el complejo habitacional el mirador del pacífico debiesen estar muy avergonzado por el daño que le hicieron a tantas familias pobres llenas de ilusión por su departamento nuevo después del terremoto. Una vergüenza”.

Manifestó que “este 18, el Señor nos regale el don de ver la vida como una oportunidad para servir a los demás, y no para servirse de los demás. Como oportuna para entregar lo mejor de nosotros mismos. Que nos regale optimismo, esperanza. Que nos ayude a hacer de la información, conocimiento, y del conocimiento sabiduría. Necesitamos ciudadanos sabios para enfrentar este tiempo fascinante y complejo”.

Enfatizó en su homilía respecto a que “no es una cultura auténticamente humana ni cristiana la de la indiferencia, del carrerismo que agrede y del oportunismo que termina en corrupción. Estos modos de proceder no generan una sociedad justa ni fraterna. Todos hemos de sentirnos operarios en la viña del Señor. Cada uno con su carisma y su responsabilidad, pero sabiendo que participamos de un proyecto más amplio. Los adultos tenemos una gran responsabilidad”.

Dirigió un particular llamado que nuestra gran tarea hoy es re encantar a los jóvenes a la vida para que se integren con fuerza y pasión a la vida pública y democrática. Nos les matemos con nuestro mal ejemplo (y lo hemos dado en muchos ámbitos de la vida nacional) sus sueños, sus ideales, sus anhelos. Los jóvenes le dan más crédito a lo que ven que a lo que oyen. Cuántos se han inspirado en el p. Hurtado y en Teresa de Calcuta. ¿Somos cada uno de nosotros fuente de inspiración para los jóvenes? Nos sentimos orgullosos de lo que hacemos, de lo que hemos logrado, como lo hemos hecho y como lo hemos logrado? No le matemos los sueños a los jóvenes. Ellos nos están mirando. No los decepcionemos. Sólo así se comprometerán a formar familia, ingresar a la vida religiosa o aquellas actividades que exige sacrificio, tesón, abnegación, amor a Dios y a la patria. Si queremos un país con futuro de verdad hemos de apostar por entregarle lo mejor a los jóvenes. Ello nos exige el tiempo presente. Hagámosle ver que vale la pena vivir, vale la pena entregarse a los demás. Vale la pena el esfuerzo, el trabajo. Para ello hemos de leer el momento actual desde el fundamento y no de los meros fenómenos. Tenemos una sociedad llena de ideales, pero carenciada de afecto, de padre, de quien los escuche. Tienen más oportunidades, sí, pero están lanzados en el engranaje de la producción que los lleva a hacer de la vida una mera competencia. Este 18 comprometámonos a trabajar para pasar de un proyecto de desarrollo meramente económico a un desarrollo integral que abarque los maravillosos campos del saber filosófico, artístico en todas sus expresiones. Chile será en 50 años lo que los jóvenes son hoy. Nosotros estamos en una gran tarea evangelizadora para con ellos en todos nuestros ámbitos de acción. Pero no basta. Requerimos del concurso de toda la sociedad, de cada uno de nosotros y en cada acto. Para que viendo se entusiasmen. Nosotros le presentamos a Jesús como camino verdad y vida y sentido último de la existencia, los invitamos a hacerse parte del país. Comenzaremos una campaña para invitarlos a que elijan a sus alcaldes y concejales. La pregunta es qué le está ofreciendo el resto de la sociedad”.

Por último, pidió a cuidar la Democracia. “Cuidemos la democracia. Cuidemos las instituciones que la sustentan. Seamos responsables con nuestros dichos y nuestro actuar. Destruir no cuesta nada. Lo que cuesta es construir. Hablar mal de otro no cuesta nada, edificar uno mismo a los otros con la palabra y el gesto es lo difícil. Pensemos en grande cuando se trata de nuestro querido país, el que Dios nos ha regalado. Tal vez no es el Chile que queremos, pero es el Chile que amamos. Y con eso basta”.

El canto del Te Deum estuvo a cargo de coristas y músicos del Coro Arquidiocesano.

- Ver texto completo de la homilía

Fuente: Comunicaciones Concepción


Concepción, 18/09/2016

 
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