/
/
/
/
/
/
   
Año de la Misericordia en Santuario Nacional de Maipú

“Este año fue especialísimo, porque tuvo tres características geniales: fue un gran regalo; nos abrió a una maravillosa experiencia y nos envió a una tarea permanente”, dice el padre Carlos Cox, rector del santuario.
Viernes 23 de Diciembre del 2016
  
El templo, a lo largo de 2016, recibió a todos quienes quisieron ser parte de él, tanto para rezar como para participar de sus actividades. Sin embargo, un grupo que destacó fue el de los establecimientos educacionales.

“Hemos vivido un tiempo y un ambiente muy de Dios. Tengo muy vivo en mis ojos colegios que traían a todos sus alumnos, en grupos de 100 a 120 chiquillos, y pasaban largos momentos en oración y adoración frente al Santísimo, o días que mientras un grupo repletaba el templo, el otro esperaba con paciencia frente a la Puerta Santa para ingresar, y que cuando salían, ya estaba la otra comunidad preparada para su momento en el santuario”, comenta el rector.

En segundo término, habla de una maravillosa experiencia: “Este año se ha enriquecido la imagen y la relación con Dios. Cada vez más lo miramos y lo experimentamos como el Dios de la misericordia, quien nos ama, acompaña y cuida, porque somos sus hijos y no tanto porque nos portamos bien. Es volver a tener presente que Dios está especialmente cercano a nosotros, cuando abrimos nuestro corazón herido, necesitado, anhelante de encuentro y de amor, y que él justamente sale a nuestro encuentro porque estamos desvalidos”.

Sin embargo, y en línea con el mensaje del Papa Francisco, recalca este año como una tarea permanente: “Durante todo el año volvieron a hacerse presente las heridas que afligen al hombre de hoy, violencia, miseria, discriminación, exclusión…. Una letanía interminable, que trae cada vez más temor y angustia. Asimismo, aparecen las máscaras y evasiones frente a estas heridas. Búsqueda de seguridades efímeras (dinero, éxito, prestigio, necesidad de reconocimiento…), y los escapismos: indiferencia, pérdida de sensibilidad social, el alcoholismo, drogas, entre otros".

Agregó el padre Carlos Cox: "En todas estas manifestaciones se oculta el niño desvalido, descobijado, y adolorido que busca acogida, cariño, apoyo, contención…. Y justamente la misericordia de Dios lo hace experimentar niño-hijo aceptado, querido y portador de una semilla original de Dios".

Fuente: Comunicaciones Santiago


Santiago, 23/12/2016

 
Galerías Fotográficas