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Aniversario Episcopal de Mons. Moisés Atisha, Obispo de Arica

Junto al Clero de Arica, el Obispo celebró su segundo año de aniversario episcopal con una sencilla celebración eucarística y posterior desayuno fraterno.
Martes 17 de Enero del 2017
  
En la Capilla Santa Ana se dio lugar a la celebración de la Misa por el aniversario del Obispo, en que Sacerdotes se reúnen para hacer acción de gracias a Dios por este tiempo en que el Señor nos ha regalado a Don Moisés Atisha como nuestro Pastor Diocesano.

Así, con una Eucaristía el Presbiterio de la Diócesis de San Marcos de Arica celebraron el segundo aniversario episcopal de Monseñor Moisés Atisha Contreras, quien un 17 de Enero fuera consagrado Obispo para la Diócesis de San Marcos de Arica y desde aquel momento que ha asumido la Diócesis.

En su Homilía Don Moisés compartió con el Clero presente sus sueños frente a la Iglesia a la cual le ha sido encomendada y por la que juntos pastorean: una Iglesia de puertas abiertas donde haya cabida para todos, una Iglesia que reza por las vocaciones para que cada uno busque la propia felicidad, una Iglesia que no se jubile sino que este siempre en disposición, una Iglesia cuna para acoger.

Terminada la celebración, se dio paso a un compartir fraterno en torno a un significativo desayuno junto al Obispo, donde la temática principal fue celebrar al Señor la vocación y ministerio de Mons. Moisés Atisha durante estos dos años en que peregrina junto a la Iglesia de San Marcos de Arica a quien el Papa Francisco le ha encomendado pastorear y cuidar.

Dpto. Comunicaciones Obispado de Arica.

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Adjuntamos la Homilía en la celebración eucarística de su segundo aniversario episcopal junto al presbiterio de la Diócesis de San Marcos de Arica en su integridad.

17 de Enero de 2017


Hermanos:

Ante todo, quiero hoy hacer acción de gracias por todo lo que Dios ha realizado en mi persona, lo ha hecho, a través, de la colaboración de muchas mediaciones y personas, en estos últimos dos años, por ustedes, presbíteros de esta Iglesia de Arica.

He experimentado que Dios habla con claridad y caridad, y que es la sordera humana la que en ocasiones trunca su voluntad. He querido por lo mismo, escuchar con claridad lo que él ha ido diciendo en este tiempo. Comparto con ustedes sueños que he ido teniendo para nuestra Iglesia, ésta que juntos pastoreamos, gozamos y sufrimos.

1.- Sueño una Iglesia abierta, que sea casa de todos, donde las puertas no impidan que las personas, los fieles y los curiosos, puedan entrar a ver al Señor, a escuchar su Palabra y vivirlo en los sacramentos. Que las puertas de los templos estén abiertas y que también esté abierto el templo espiritual que somos todos los discípulos, para que en él entre el Señor como en su casa.

2.- Sueño a esta Iglesia que reza por las vocaciones, para que cada persona encuentre el sentido de su vida, en el amor de Dios, y desde ahí responda con libertad y alegría. Que cada uno de nosotros recemos por el don de la vocación del hermano sacerdote que tiene al lado, por los esposos que colaboran en cada comunidad, los diáconos que juntos con sus familias sirven la caridad, y las religiosas que con alegría muestran con su carisma cómo Dios sigue caminando en medio nuestro.

3.- Sueño una Iglesia que no piensa en jubilarse o en su propia seguridad, sino que se deje sorprender de las locuras de Dios, que promete estar siempre con nosotros, que se arriesga a buscar día a día dónde anunciar el Evangelio, que podamos cada uno preguntarnos con honestidad ¿dónde gastar mis fuerzas hoy?

4.- Para terminar, sueño una Iglesia que sea toda cuna para acoger a los cansados y agobiados, que nadie, especialmente los más sencillos, se sienta fuera de ella, que esta sea nuestra mayor riqueza, quien no sea recibido en su casa, en los lugares de ayuda o en otras instituciones, encuentre en nosotros su lugar, su espacio, su casa; es decir, una Iglesia misericordiosa a tiempo y a destiempo.

Estos sueños necesitan de una acción y disposición, tengo que ponerme en camino, necesito vivir no del peso de la ley, sino de la fuerza del Espíritu que me renueva, tengo que dejarme otra vez enamorar del Don que recibí y que comenzó a actuar cuando me ordenaron Sacerdote. Ha sido una lucha constante, no convertirme en un profesional de lo sagrado, para mostrar siempre a Jesús y permitirme ser puente que acerca a él, y no una pared que lo oculte.

Siento temor de dejar que me gane la rutina, que por el mucho hacer se enfríe y endurezca el corazón, que gane el deseo de la eficacia y no deje espacio al Espíritu, que guía y muestra caminos.

Para terminar me uno a las palabras del Papa Francisco, y les recuerdo: “concluido este jubileo, es tiempo de mirar hacia delante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo la riqueza de la misericordia divina. Nuestras comunidades continuarán con vitalidad y dinamismo la obra de la nueva evangelización en la medida en que la “conversión pastoral”, que estamos llamados a vivir, se plasme cada día, gracias a la fuerza renovadora de la misericordia. No limitemos su acción; no hagamos entristecer al Espíritu, que siempre indica nuevos senderos para recorrer y llevar a todos el Evangelio que salva”.

Por lo mismo, me encomiendo a sus oraciones, necesito que oren por mí y nuestra Iglesia, yo lo hago por ustedes también.


+ Mons. Moisés C. Atisha Contrera
Obispo de San Marcos de Arica


Arica, 17/01/2017