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De vuelta en Chile presbíteros que peregrinaron a Tierra Santa

El viaje preparado por la Comisión Nacional del Clero de la Conferencia Episcopal, permitió a 40 consagrados vivir 13 días en los lugares en que Jesús realizó su misión, y tres en Roma, todos acompañados por la guía del P. Fidel Oñoro.
Jueves 09 de Marzo del 2017
  
El miércoles 8 de marzo, un día después de lo previsto por complicaciones en el vuelo de vuelta, arribó a Santiago parte de la delegación de presbíteros y diáconos que peregrinaron a Tierra Santa y Roma.

Con cansancio, pero visiblemente animados por la experiencia vivida, partieron a sus diócesis de destino.

Dos de ellos, presbíteros de las diócesis de Valparaíso y Punta Arenas, compartieron sus impresiones:

¿Me amas?

Para el P. Hernán Vargas cp, de Viña del Mar fue “un sueño y una bendición. Un hermoso tiempo de gracia para encontrarme con las raíces de mi opción cristiana, religiosa (soy pasionista) y presbiteral.

Fueron unos días cargados de espiritualidad bíblica siguiendo algunos pasos de los peregrinos del pueblo de Israel, nuestros hermanos mayores, y de Jesús de Nazaret con su comunidad discipular, especialmente en Cafarnaúm. Además de Jesús, nos acompañaron con su sabiduría creyente y su amistad el P. Fidel Oñoro y el arqueólogo Jacob. Excelente dupla de maestros.

Yo fui porque estoy cumpliendo 40 años de ordenación sacerdotal. En este contexto destaco la mañana de oración en el lago Tiberíades, orando la llamada de Jesús a ser pescador de hombres y a responderle desde el corazón la pregunta a Pedro: ¿Me amas? Y así, renovar la misión: apacienta mis ovejas. Gracias Señor por este detalle y esta fineza tuya”.

Tocando la historia

Por su parte el P. Rodrigo Vargas de Punta Arenas cree que serán necesarios meses y hasta años para llegar a dimensionar todo lo vivido en esta peregrinación: "Nuestros guías se convirtieron en instructores de vida y espíritu. Ambos: Jacob (arqueólogo judío) y el Padre Fidel (teólogo y Experto en Biblia) nos sumergieron en un mundo fuerte, enigmático y divino.

Fue imposible no sentirse tocando la historia semítica y fundante de miles de años. Todo lo anterior, complementó de manera magistral, el tema esencial para nosotros: conocer la tierra en que Dios se hizo hombre para habitar entre nosotros. Más que emocionante, más que irrepetible y más que interesante; lo vivido en estos cansadores días, fue el hecho de haber conocido en profundidad la experiencia de Jesús (nuestro único y válido referente y sentido de vida) y comprendido aún más su extraordinario mensaje de fe, amor y paz.

Gracias a Dios por esta oportunidad grande de ser hermano con judíos, cristianos católicos y ortodoxos, musulmanes y ateos. La palabra final es esa: ¡Gracias! y la tarea final hasta la muerte es: Celebrar y predicar ¡todo lo que hemos visto y oído!

Fuente: Área Agentes Evangelizadores CECh.


Santiago, 09/03/2017

 
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