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Solemne Misa Crismal en la Catedral de Melipilla:
“El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido...” Lc 4, 18

Con gran alegría llegaron los sacerdotes de la diócesis a renovar sus promesas sacerdotales delante del obispo diocesano, Mons. Cristián Contreras Villarroel, y los fieles reunidos en la Catedral.
Jueves 13 de Abril del 2017
  
En la celebración se consagró el Santo Crisma, con el que se unge a los bautizados y confirmados, y a los presbíteros y nuevos obispos en el día de su ordenación. También se bendijeron los óleos de los catecúmenos y el de los enfermos, a través de los cuales se sigue edificando la unidad y la santidad del Pueblo de Dios.

Los sacerdotes son hombres que han consagrado su vida a un permanente “estar en presencia del Señor” y, como Jesús, quieren hacerse “servidores de todos”. En el contexto de la Semana mayor de la Iglesia, la Semana Santa, en la que la Iglesia invita a contemplar la belleza de la vocación del ministerio sacerdotal, los sacerdotes renovaron las promesas que realizaron en el día de su ordenación, expresando delante del Obispo y del Pueblo de Dios el testimonio explícito de permanecer fieles a Cristo, a la Iglesia y a los hombres en el ministerio que se les ha confiado.

En su homilía, Monseñor Contreras V. dijo: “Es un día de profunda gratitud a Dios por la vocación sacerdotal que es vocación de servicio, de entrega gratuita y desinteresada a las personas. Es un día en que experimentamos la grandeza del sacerdocio, pero también la pequeñez e indignidad de quien lo ha recibido. Desde esta conciencia, renovaremos también nuestras promesas sacerdotales; promesas que no son un contrato privado, sino un compromiso con Dios y su pueblo: con el santo pueblo de Dios que merece hombres que los lleven a Él”.

Además el Pastor indicó a la asamblea que “es oportuno subrayar algunos verbos que, como tales son signos “sacramentales” que hoy necesitamos con urgencia: En un mundo de sordos o por el contrario de mucha palabrería: escuchar. En un contexto de sospechas: confiar. En un ambiente individualista y de mucha orfandad: consolar, dijo.

Finalizó el obispo dirigiéndose a los sacerdotes: “Entre la gente a la que servimos hay mucho sufrimiento. Ustedes lo saben mejor que yo. Hay frustración, hay desencanto y mucha orfandad. Y de un “padre”, como con cariño nos llaman, se espera consuelo, se espera misericordia. Por eso, ahora que prolongamos el Año de la Misericordia sea nuestra actitud la que aprendemos de Jesús que escucha, especialmente a los pobres y los enfermos, que consuela a los afligidos y a los que lloran, el que confía en sus hermanos con la misma confianza con que el Padre Dios nos llama hijos amados en quien El tiene toda su complacencia”.

Fuente: Comunicaciones Melipilla


Melipilla, 13/04/2017

 

Documentos
- Homilía Misa Crismal Mons. Cristián Contreras V.
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