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Monseñor Goic celebró su 38 aniversario episcopal

En la ocasión once candidatos al diaconado permanente dieron el primer paso en su proyecto de formación, recibiendo la cruz y el alba.
Sabado 27 de Mayo del 2017
  
Una Catedral repleta de fieles de distintas parroquias de la Diócesis de Rancagua participó hoy sábado en la misa con que monseñor Alejandro Goic Karmelic celebró su 38 aniversario de ordenación episcopal.

“Lo hermoso de esta misa, además de adorar y dar gracias a Dios, es que también tenemos once candidatos al diaconado permanente que dan el primer paso en su proyecto de formación. Es una gracia de Dios muy maravillosa que en este día que celebro 38 años de ministerio episcopal, Dios esté regalándonos -de aquí a algunos años- once hombres casados al ministerio diaconal”, señaló el obispo de Rancagua.

Los postulantes al diaconado permanente fueron acompañados por sus familiares, párrocos y parte de sus comunidades que vieron con gozo cómo el vicario general de la diócesis, padre Gabriel Becerra, les puso la cruz, como símbolo externo del compromiso de formación que están adquiriendo; luego sus párrocos y familiares les entregaron el alba.

Cristo es mi vida

Monseñor Goic fue ordenado sacerdote en 1966 y esperaba trabajar toda su vida en su ciudad natal en Punta Arenas, pero el año 1979 el Papa Juan Pablo II lo llamó al episcopado y fue ordenado como obispo por el mismo Papa Juan Pablo II, hoy santo. El obispo Goic escogió como lema episcopal “Cristo es mi vida” y recuerda que trabajó 12 años en Concepción, “colaborando con tres arzobispos y durante un tiempo como jefe de la Iglesia, cuando renunció por enfermedad el tercer arzobispo. Después fui colaborador del obispo de Talca por tres años y medio. A continuación, por 10 años estuve en Osorno y ya voy a completar 14 años en la diócesis de Rancagua. Cuando uno hace una mirada retrospectiva cabe dar gracias a Dios, y a tanta gente de estas ciudades donde he servido y que han colaborado con mi ministerio pastoral. Ser obispo es una mayor exigencia de servicio no es un honor, es simplemente asumir una tarea de construcción de una Iglesia diocesana para juntos con los hermanos laicos, sacerdotes, consagrados y creyentes tratar de realizar proyecto del Evangelio en la realidad donde uno sirve. Por eso quiero bendecir a Dios y a tanta gente que me ha ayudado en mi misión de pastor en todas las realidades que he vivido como obispo y también obviamente esos trece años como sacerdote en mi Punta Arenas natal”, señaló.

Fuente: Comunicaciones Rancagua


Rancagua, 27/05/2017

 
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