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P. Miguel Jordá:
“Quería hacer lo que el Señor pidió”

Con gran pesar pero con esperanza, recibió la Diócesis de Melipilla la muerte hoy en la mañana del P. Miguel Jordá que destacó tanto en el apostolado rural del Canto a lo Divino y que se distinguió en la investigación de la muerte del P. Juan Alsina, su amigo personal y compañero el el seminario. Mañana, 3 de enero, será enterrado en su pueblo natal Sant Andreu.
Martes 02 de Enero del 2018
  
El P. Miguel Jordá nació el 9 de abril de 1934 en Gerona, España. Fue hijo de José Jordá y Olavia Sureda, una familia campesina, humilde y muy católica.
A Miguel le surge su vocación gracias al ejemplo e sus padres, que siempre rezaron en incentivaron a sus hijos para que alguno fuera sacerdote. De hecho, de los 7 hermanos, tres fueron religiosos.

El golpe decisivo frente a su vocación lo vivió a las 7 años. En el contexto de guerra que vivía España, la persecución y asesinato de los sacerdotes para acabar con la religión, su tío sacerdote se escondió en su casa para evitar que lo mataran. Fue ahí cuando lo vio celebrar la Eucaristía en su pieza y fue la primera vez que tuvo contacto con la consagración. Nunca había ido a una misa, y como no la conocía, preguntó a su tío qué significaba lo que estaba haciendo. Él le respondió: “Esto es lo que hizo nuestro Señor antes de subir al cielo y pidió que lo hiciéramos hasta que Él volviera”.

De inmediato supo que él quería hacer lo que el Señor pidió. Él mismo decía que vio tanta mortandad en su país producto de la guerra, que frente a la persecución no hay que acobardarse, si no ir adelante y enfrentarla. Su tío lo motivaba y animaba a seguir, pero le advertía que no iba a ser fácil.

En 1945 entró al Seminario de Gerona. El papa Juan XXIII pidió sacerdotes que lo ayudaran en América Latina, entonces Miguel, seminarista en ese entonces, pidió a su obispo que lo ordenara antes para partir, sin embargo debió esperar otros cuatro años para hacer un entrenamiento adecuado y partir al continente.
En 1960 llega con otros 17 sacerdotes, entre los que está el P. Juan Alsina, entrañable amigo y muy querido por el P. Miguel. Años después debió hacer una investigación por su muerte en Chile.

Estuvo en Santiago en la Parroquia San Gerardo, en el norte y en Chiloé. En 1964 llegó a la Diócesis de Melipilla, más exactamente en Villa Alhué, Mallarauco, San Pedro y Melipilla.

Siempre mostró afición por la escritura, la que fue motivada por su madre, quien le repetía que leyera cuando tomaba el tren o en cualquier m omento que tuviera tiempo. El cura de su pueblo le regaló una Historia Sagrada, que lo encantó y decidió seguir sacando ediciones para que todos la conocieran.

Los demás sacerdotes dan su mensaje predicando, el P. Miguel lo hacía escribiendo. No sentía ganas de ir a dormir o a comer, escribir le producía una tremenda alegría porque estaba seguro que ese sería su legado.

Fuente: Comunicaciones Melipilla.


Melipilla, 02/01/2018

 
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