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Cristo resucitado, fuente de conversión y vida nueva

"La Iglesia resucita desde un corazón humilde, que reconoce sus errores, que se dispone a corregirlos y a trabajar junto a otros por el bien de los más vulnerables", manifiesta el Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. Santiago Silva, en una columna publicada en El Mercurio.
Sabado 31 de Marzo del 2018
  
En su columna, publicada en el matutino este Sábado Santo 31 de marzo, el obispo castrense expresa que "como Iglesia Católica estamos viviendo un tiempo de fuerte renovación. Más allá de los cuestionamientos que se hacen a muchas instituciones en nuestro país, a nosotros, obispos, corresponde dar cuenta y hacernos cargo de las inquietudes y preguntas que surgen en relación con la misión que cumple la Iglesia en la sociedad; hacernos cargo de nuestra credibilidad y de la coherencia entre el Evangelio que anunciamos y el modo en que actuamos".

Destaca Mons. Silva que el papa Francisco, durante su visita a Chile, "no eludió los desafíos que como cuerpo eclesial vivimos. Habló con claridad sobre el daño causado por los abusos de clérigos a niños y jóvenes. Así lo expresaba: "No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir". Y haciendo realidad sus palabras, se encontró con víctimas de abuso a quienes escuchó y con quienes lloró y rezó".

A juicio del presidente del Episcopado, "el desafío hoy de anunciar a Cristo con nuevos métodos y con un nuevo ímpetu se impone con fuerza. Más que exigir la fe, hay que compartirla; más que convencer, hay que atraer a Cristo; más que solo doctrina o moral, ser cristiano es encontrarse con Jesús resucitado (como nos decía el Papa Benedicto), quien genera vidas al servicio de otras vidas, quebrando el asfixiante cerco del individualismo, el egoísmo y la maldad".

Añade Mons. Silva que "todo camino de renovación de la Iglesia que no se centre en Cristo hay que darlo por perdido, porque Él es el camino, la verdad y la vida. Cristo nos comunica la sabiduría del discernimiento y la fuerza para la acción, cambiando lo que sea necesario. Nuestra certeza está puesta en su victoria sobre la muerte. De este modo confirma la concreción de nuestro anhelo de paz y bien. No se trata, por tanto, de una simple utopía idealista.

"No es, por tanto, en el poder donde descansa nuestra credibilidad, no es en la capacidad de imponer a otros ni de forzar conciencias. La Iglesia resucita desde un corazón humilde, que reconoce sus errores, que se dispone a corregirlos y a trabajar junto a otros por el bien de los más vulnerables".

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Fuente: El Mercurio - Prensa CECh


CECh, 31/03/2018

 
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