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Congreso Eucarístico:
Transformar la realidad en dirección al Reino de Dios

Monseñor Juan Luis Ysern, Obispo emérito de Ancud y Vicario Judicial de Rancagua, señala que “la celebración de un Congreso Eucarístico vivido con autenticidad lleva consigo un compromiso muy fuerte de conversión personal y de conversión comunitaria que implica la conversión de las estructuras”.
Miercoles 11 de Abril del 2018
  
Promover el encuentro con Cristo, con el prójimo, con el mundo que nos rodea y con nosotros mismos desde la experiencia personal y comunitaria de la Eucaristía es uno de los objetivos de realizar el Congreso Eucarístico en nuestro país, durante este año, que ha estado marcado por la visita del Santo Padre y por diversas situaciones que han complicado la vida de la Iglesia.

Monseñor Juan Luis Ysern, Obispo emérito de Ancud y Vicario Judicial de Rancagua ha entregado su visión de este Congreso, cuya importancia califica de “enorme”, pues es un llamado a entrar con radicalidad en la esencia misma de vida de la Iglesia, precisa.

¿Qué le parece que los obispos hayan convocado a un Congreso Eucarístico?
Es una decisión muy acertada en este momento tan complicado de nuestra Iglesia y de nuestro entorno. La celebración de un Congreso Eucarístico vivido con autenticidad lleva consigo un compromiso muy fuerte de conversión personal y de conversión comunitaria que implica la conversión de las estructuras. Y todo eso para vivir como “Cuerpo de Cristo” que se entrega plenamente por todos especialmente por los pobres y los que sufren en las periferias.

¿Cuál es la importancia que tienen estos Congresos?
Es enorme ya que es un llamado a entrar con radicalidad en la esencia misma de vida de la Iglesia. Esto, en la dimensión personal, requiere renunciar al egoísmo que solamente busca el propio interés (prestigio, placer, riquezas) y todo eso para vivir en radicalidad el amor a Dios que se manifiesta en la entrega que requiere el servicio al prójimo, especialmente a los que están debajo de la mesa de la vida. Y en la dimensión comunitaria requiere la articulación solidaria de unos con otros, como los miembros del cuerpo donde una función corresponde a los ojos, otra a los oídos, a los pies o a las manos, pero cada miembro es funcional al bien del cuerpo entero. Según esto cada persona, actuando como miembro del Cuerpo de Cristo tiene que hacer uso de las cualidades que Dios le ha dado para articularlas con las cualidades de los demás miembros del Cuerpo de Cristo. Este es el Pueblo de Dios en marcha a través de las realidades de la vida haciendo presente a Cristo que libera a los pobres que han quedado cautivos debajo de la mesa de la vida.

¿Qué aporte hace el Congreso a la vida de la Iglesia?
La Iglesia es el cuerpo de Cristo. En este cuerpo, Cristo es la Cabeza, todos los demás somos miembros que, como hemos dicho, tenemos la responsabilidad de poner al servicio de todo el cuerpo los dones, cualidades y gracias que hemos recibido. El Congreso Eucarístico nos coloca en actitud de oración y vigilancia que nos obliga a revisar si acaso estamos enterrando los talentos recibidos o si los estamos utilizando en beneficio personal, en vez de poner todo en bien de la vida y misión de la Iglesia. La comunión con Cristo es vida que compromete en la misión que es acción solidaria con los pobres y que búsqueda de la oveja perdida. Es transformar la realidad en dirección al Reino de Dios.

¿Qué le parece el lema “¿Qué haría Cristo en mi lugar”?
Me parece muy bien elegido ese lema. Lo importante es tomarlo en serio y escuchar bien su voz. Asumir el lema referido es ponerse en actitud de conversión. Cristo siempre está a la puerta llamando, pero solamente los que escuchan su voz y le abren son los que van a actuar con Él y como Él. El lema nos coloca en actitud vigilante de inmediato para no dejarnos arrastrar por el egoísmo que, a veces, nos parece irresistible. Es necesario vencer nuestra cobardía y decidirnos a actuar en salida en medio de las periferias. Allí nos encontramos con Cristo diciéndome lo que hay que hacer para vivir como hermanos, hijos de Dios.

El Congreso tendrá 4 etapas. En la primera se propone el “Encuentro con Cristo”, ¿dónde se produce ese encuentro?
La celebración de la Eucaristía nos presenta dos partes de una forma muy destacada. La primera parte es la referente a la escucha de la Palabra de Dios que llama. La lectura meditada de la Palabra de Dios, nos hace entender su presencia y llamado. En la segunda parte de la Eucaristía se nos hace presente la respuesta del Hijo de Dios ofreciéndose al Padre en la plenitud de su Cuerpo y Sangre invitándonos a la comunión con Él en esa entrega que como dice San Pablo se hace en la vida, ofreciéndonos continuamente “como sacrificio vivo y santo que agrada a Dios: ese es nuestro culto espiritual…, transformándonos por la renovación de nuestra mente. Así sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto” (Rom. 12, 1-2).

¿Qué recomendaciones da usted a los católicos para participar en este Congreso?
Considero que la mejor recomendación es la que nos hace San Pablo después de la cita referida: “Tomen el ejemplo de nuestro cuerpo. Él es uno aunque tenga varias partes, pero no todos hacen la misma función. Lo mismo nosotros, con ser muchos no formamos sino un solo cuerpo en Cristo, y dependemos unos de otros. Tenemos dones diferentes según la gracia que Dios ha dado a cada uno…” y cada uno tiene que actuar según el don recibido (Rom. 12, 4 y ss). Sería un gran error participar en el Congreso simplemente como quien cumple una práctica de piedad externamente sin el compromiso de transformación interior que implica para convertirse en verdadera Iglesia en salida.

Fuente: Comunicaciones Rancagua


Rancagua, 11/04/2018

 
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