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CEN 2018:
Arzobispo de La Serena invita a valorar el domingo y a participar con gozo de la santa Eucaristía

En entrevista a diario regional “El Día”, Mons. René Rebolledo señaló: “El Congreso Eucarístico es una oportunidad extraordinaria para reflexionar sobre el Día del Señor y la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia”.
Viernes 01 de Junio del 2018
  
El calendario del mes de junio trae la celebración de numerosos santos y también otras festividades que son importante considerar. Es por esto que en diálogo mensual con el Arzobispo de La Serena, afrontamos aspectos de estas celebraciones, como también sobre la preparación para vivir el Congreso Eucarístico Nacional (CEN) y Arquidiocesano.

En lenguaje coloquial y también en comerciales se oye con frecuencia que junio es el mes de los santos, ¿qué aspecto destacaría del mes que iniciamos?

Es verdad, recordamos y celebramos en junio a santos conocidos e importantes, los santos Pedro y Pablo apóstoles, san Juan Bautista en su nacimiento, san Justino mártir, san Antonio de Padua, san Luis Gonzaga, por mencionar algunos. Por otra parte, en el transcurso de este mes, el viernes 8, tenemos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y el sábado 9, la memoria del Inmaculado Corazón de María.

Sin embargo, en esta ocasión, me parece importante, dado que estamos celebrando como Iglesia en Chile el Congreso Eucarístico Nacional, que pudiéramos detenernos en una festividad importante del mes de junio, de gran fervor popular, conocida como Corpus Christi, la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor.

Y, ¿en qué consiste esta celebración?

La celebraremos el domingo 3 de junio. El acto principal es la santa Eucaristía y las procesiones que se multiplican en las comunidades urbanas y rurales. Evocamos así la Cena del Señor del Jueves Santo, su presencia salvífica en el misterio de la Eucaristía, como también del sacerdocio de Cristo. Las procesiones, participadas por numerosos fieles, pretenden manifestar la fe en la presencia sacramental de Cristo en su Iglesia, fortalecida por el Cuerpo y la Sangre del Señor, alimento para su peregrinar.

Monseñor, ¿por qué la comunidad celebra la Misa en domingo?

Para numerosos discípulos misioneros del Señor el domingo es un valor fundamental en su vida de fe, en relación a su comunidad. El domingo concentra, en efecto, las más significativas celebraciones de la fe: la centralidad de Cristo y su Pascua, también la convocatoria a la Iglesia como comunidad en asamblea para celebrar la santa Eucaristía. El gozo por la resurrección del Señor, misterio celebrado domingo a domingo, impregna la jornada. Entre otros aspectos, se debe procurar el reposo laboral y valorar cuanto ofrece la naturaleza para el descanso, dado que el domingo hace referencia también al día primero de la creación.

¿Tiene origen bíblico el domingo?

El término, que expresa una gran realidad, viene del latín dominica, o también dominica dies, vale decir, día del Señor. Lo encontramos en el Apocalipsis 1, 10. Las comunidades cristianas lo conocían como el primer día después del sábado, así en Mateo 28, 1: pasado el sábado, al despuntar el alba del primer día de la semana, fue María Magdalena con la otra María a examinar el sepulcro, también en Lucas 24, 1-2: el primer día de la semana, de madrugada, fueron al sepulcro llevando los perfumes preparados. El domingo es el día de la Resurrección de nuestro Señor, el acontecimiento fundamental en la vida de Cristo y también de sus discípulos misioneros. En palabras de san Pablo (1 Corintios 15, 14): si Cristo no ha resucitado, es vana nuestra proclamación, es vana nuestra fe. El apóstol afirma con convicción: Cristo ha resucitado de entre los muertos, y resucitó como primer fruto ofrecido a Dios, el primero de los que han muerto.

Finalmente, ¿cuál es su mensaje para vivir la festividad de Corpus Christi?

Los invito a reflexionar sobre la importancia del domingo en nuestra vida. ¿Cómo estamos celebrando el domingo, día del Señor? En mi vida y la de mis seres queridos, ¿es la Eucaristía en día domingo el acto central?

Es justo manifestar la alegría, encontrar modos de esparcimiento, especialmente los vividos en familia y, desde luego, también descansar. Podemos expresar de algún modo, la alegría de los apóstoles cuando Cristo glorioso se aparece en medio de ellos deseándoles la paz (cfr Jn 20, 19-20), o cuando los discípulos de Emaús lo reconocen al partir el pan (cfr Lc 24, 13-35). No es excluyente la alegría que se expresa por el encuentro con el Resucitado en la Eucaristía y el sano regocijo por el trabajo bien realizado durante la semana. No obstante, si el consumismo y hedonismo reinantes en la cultura actual logran opacar el gozo intenso por la celebración del misterio de Cristo celebrado en domingo, especialmente con la santa Eucaristía, habremos perdido la oportunidad que nos brinda este día para una alegría auténtica y plena.

Fuente: Comunicaciones La Serena


La Serena, 01/06/2018

 
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