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Monseñor Santiago Silva en entrevista con La Tercera
El bautizado ama a su Iglesia y trabaja por su transparencia, porque sabe que está llamada a reflejar la luz de Cristo resucitado

“Desde la visita del Papa vivo con gran dolor las nuevas denuncias de abusos sexuales por miembros del clero. Y la razón es que detrás de cada denuncia hay un niño o un joven dañado en su dignidad de persona y con su vida y proyecto truncado, precisamente por quien debiera habérselo asegurado”.
Domingo 05 de Agosto del 2018
  
El presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, monseñor Santiago Silva, analiza la crisis que vive la Iglesia chilena, entre otros temas, en una entrevista publicada este domingo 5 de agosto en La Tercera. El obispo afirma: “Los abusos sexuales, de conciencia y de poder marcan hoy la profunda crisis que vive la Iglesia y que explican la pérdida de credibilidad y confianza en ella. Al finalizar nuestra última asamblea plenaria reconocimos con humildad «que hemos fallado a nuestro deber de pastores al no escuchar, creer, atender o acompañar a las víctimas de graves pecados e injusticias cometidas por sacerdotes y religiosos» y también anunciamos decisiones y compromisos que esperamos sirvan como un primer paso que nos permita hacer las cosas de mejor manera.

Pero hay otras «crisis» que nosotros, los obispos, a pesar de haberlas conversado en varias oportunidades, no acabamos de asumirlas en su real magnitud. Una de ellas es el tremendo impacto del nuevo contexto social y cultural que vivimos, donde las instituciones y los organismos tradicionales pierden relevancia, y donde todo aquello que parezca normativo es motivo de rechazo. Vivimos en una sociedad cada vez más centrada en el individuo y no en la persona, en la individualidad y no en los colectivos. ¿Cómo anunciar y encarnar los valores de Jesucristo en este contexto? Nuestros modos de evangelizar no parecen corresponder a lo que el tiempo presente nos demanda. La imitación de Jesucristo requiere dar la vida por los demás, amar sin esperar nada a cambio, ser solidarios con los marginados, cultivar la alegría en medio de tanta tristeza. A nosotros mismos nos cuesta, porque al fin y al cabo somos parte de esta sociedad y cultura. Para ser cristiano hoy hay que «ser contracultural». En realidad, así también vivió Jesús en su tiempo el anuncio del Reino”.

El Papa nos enseñó a no rumiar la desolación. Pero desde la visita del Papa vivo con gran dolor las nuevas denuncias de abusos sexuales por miembros del clero. Y la razón es que detrás de cada denuncia hay un niño o un joven dañado en su dignidad de persona y con su vida y proyecto truncado, precisamente por quien debiera habérselo asegurado. Y detrás de cada víctima de abuso hay un grupo familiar que también sufre por el dolor de uno de los suyos. También me duele el agobio de tantos laicos y laicas, consagradas, obispos y sacerdotes y que, con una vida recta y desvelándose por el servicio a los demás sobre todo por los más débiles, cargan con la estigmatización de abusador sólo por ser parte o ministro de la Iglesia. No quiero que se me entienda mal, pues la expresión de este dolor no es justificación para obviar la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas.

Al ser consultado por su servicio como presidente de la CECh, reconoce que “no es fácil presidir la Conferencia Episcopal (Cech) en uno de los períodos más difíciles en la vida de la Iglesia chilena”, pero manifiesa también que “siempre me he sentido más cómodo en las comunidades eclesiales que en las esferas públicas. Siento que me realizo más anunciando el Evangelio que dando declaraciones sobre la actualidad. Reconozco que no soy mediático. Sin embargo, las otras dimensiones que involucra la presidencia de la Cech he procurado vivirlas con responsabilidad, siempre desde la comunión y el diálogo, y con el propósito de animar –en cuanto Iglesia– una respuesta afectiva y efectiva al dolor de las víctimas”.

Monseñor Santiago Silva, también responde ante la pregunta sobre la credibilidad de la Iglesia, y es enfático al decir que “La Iglesia no hay que limitarla a los obispos y sacerdotes. Todo bautizado es miembro vivo de la Iglesia. Y lo que nos hace Iglesia o pueblo de Dios es la entrega de Cristo en la cruz y la acción del Espíritu. El acto esencial de un bautizado es confiar en Cristo. Las mediaciones de la Iglesia como somos los obispos y sacerdotes tenemos que estar a la altura del Evangelio de Cristo. Si no lo estamos, entiendo que se pierda la confianza en la Iglesia, pero no debiera arrastrar la pérdida de confianza en Cristo. Y la solución no está en dejar la Iglesia para quedarme con Cristo. El bautizado ama a su Iglesia y trabaja por su transparencia, porque sabe que está llamada a reflejar en el mundo la luz de Cristo resucitado. Y así lo hacen muchos laicos, hombres y mujeres, consagrados y sacerdotes que por su vida de cada día reflejan los valores del Evangelio para forjar una sociedad cada vez más justa y fraterna. No me parece que sea propio de un miembro de la Iglesia situarse «en la vereda del frente» para criticar lo que pasa. Lo que nos pasa como pueblo de Dios es a todos, y de todos tiene que venir la renovación de la Iglesia”.

Tras el anuncio de ayer del cardenal Ricardo Ezzati de restarse del tradicional Te Deum, monseñor Silva señala“Agradezco de corazón su ministerio de obispo en Santiago, y valoro enormemente su decisión por razones pastorales. Todo pastor está llamado a ser prudente y velar por el bien mayor de la comunidad, y del cuidado de una ceremonia tan importante como es el tedeum ecuménico de acción de gracias”.

- Revisa la entrevista completa.

Fuente: La Tercera


CECh, 05/08/2018

 
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