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Monseñor Stegmeier: ¡Con nuestra adoración recuperemos la hora perdida!

Villarrica se prepara para la celebración del segundo aniversario de la Capilla de Adoración Perpetua.
Lunes 13 de Agosto del 2018
  
Hermanos en Jesucristo:

El 18 de agosto celebraremos los cinco años de la Capilla de Adoración en Villarrica, de los cuales dos años son de adoración perpetua. Agradezcamos al Señor por habernos concedido tener las puertas de la Casa de Oración abiertas día y noche, las 24 horas de todos los días del año. Pedimos a Cristo que entre nosotros se cumplan sus palabras: “Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren” (Jn 4,23).

La adoración de Cristo presente de un modo real, verdadero y sustancial en el Sacramento de la Eucaristía es expresión de nuestra fe de que el pan y el vino consagrados es Cristo mismo, con su divinidad y su humanidad, con su alma y su cuerpo, con su carne y su sangre. En la Eucaristía está Aquel que dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6). El culto nuevo en “espíritu y en verdad” sólo puede ser suscitado en nuestros corazones por la gracia del Espíritu Santo, pues “nadie puede decir «Jesús es Señor» sino con el Espíritu Santo” (1 Co 12, 3) y “Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!"(Gal 4,6).

Porque sabemos por fe que sólo por Cristo todo nos viene del Padre y todo llega a Él, es que tenemos que adorarle todos los días movidos por el Espíritu Santo. Cristo quiso quedarse presente en la Eucaristía, entre otras razones, para que Él pudiese estar con nosotros y nosotros con Él. Jesús, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1) incluso de dársenos como alimento de vida eterna en el Pan de Vida.

La Capilla de Adoración es una iniciativa del Señor para que tuviésemos un lugar adecuado para orar. Como a los Apóstoles en el Huerto de Getsemaní, nos dice Jesucristo: “Quédense aquí y velen conmigo” (Mt 26,38). Pero no debemos ser como ellos, que en vez de estar con su Maestro en oración, se quedan dormidos. Por eso les reprocha: “¿De modo que no han podido velar conmigo una hora?” (Mt 26,40). Pero es también un reproche a todos nosotros que no queremos acompañarlo con nuestra oración. Al respecto decía San Juan Pablo II: “Mas he aquí que la Iglesia busca siempre aquella hora de Getsemaní -la hora perdida por Pedro, por Santiago y por Juan- para satisfacer aquella falta, aquella soledad del Maestro, que aumentó el sufrimiento de su alma”.

Pidamos la gracia de nosotros “recuperar esa hora perdida durante la cual Jesús se quedó solo en Getsemaní”, adorándolo al menos una hora a la semana en la Capilla de Adoración Perpetua.

+ Francisco Javier Stegmeier
Obispo de Villarrica


Villarrica, 13/08/2018

 
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