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Doy gracias a Dios por mi vocación sacerdotal y por la Iglesia de Jesús

P. Rodrigo Herrera, en el décimo aniversario de su ordenación sacerdotal fue acompañado por las comunidades parroquiales que actualmente acompaña.
Sabado 27 de Octubre del 2018
  
Agradecido. Así dijo sentirse el Padre Rodrigo Herrera, al celebrar diez años de ministerio sacerdotal, el pasado jueves 24 de octubre.

El también Vicario general de la diócesis, celebró la misa en la Catedral de Copiapó, de donde es párroco, y lo acompañaron además, comunidades de sus otras dos parroquias: Sagrado Corazón, y Apóstol San Pablo, ambas de Copiapó.

“Doy gracias a Dios por las comunidades y servicios pastorales donde he ido madurando mi vocación sacerdotal” dijo en su homilía. Recordó sus distintas labores y parroquias, y señaló que todo el trabajo realizado “sería imposible sin la generosidad y la comprensión de las comunidades cristinas”, agradeciendo “a los laicos y laicas que trabajos juntos, a los diáconos permanentes de las diversas parroquias en las cuales soy párroco, les ha tocado harto trabajo, pero hoy frente a la comunidad cristiana reconozco su aporte y su valiosa presencia. A los sacerdotes que animan y acompañan, a los amigos más cercanos. Quiero dar las gracias también con nombre y apellido al padre Luis Guillermo Patricio, por mostrarse siempre disponible y ayudar en las misas y celebraciones que le pedimos, la gente ya le conoce y le aseguro que también le valora y le agradece su presencia”.

La cárcel, lugar de misión

El p. Rodrigo mencionó su trabajo pastoral en las cárceles, como capellán de gendarmería y encargado de la Pastoral Carcelaria. “La cárcel ha sido un lugar de misión fundamental para mí -señaló-. Es tierra sagrada donde he aprendido a conocer y a amar a Jesús, trabajando con aquellos que se desprecia y no se aman, con los últimos, con los pobres, con los presos, con los delincuentes, es en este lugar donde he hecho vida por excelencia mi lema sacerdotal, “Consuelen, consuelen a nuestro Pueblo dice nuestro Dios”. Dio gracias especialmente a los agentes pastorales que trabajan en la cárcel, y reconoció que ese lugar “me ha enseñado a creer que la vida pueda ser mejor y que el ser humano es amado siempre y sin condiciones por Dios”.

“Gracias a todos los que han sido parte de mi vida ministerial en estos 10 años, a los sacerdotes, laicos y laicas, a mi familia, que amo, a mis amigos y conocidos, a Don Celestino que al igual que el Obispo Gaspar a confiado en mí. A las comunidades cristianas que acompaño, a los agentes pastorales, a todos y todas muchas gracias y sigamos trabajando, a pesar los problemas, a pesar de las inconsecuencias, a pesar de los momentos difíciles que nos toca vivir”, concluyó.

Fuente: Comunicaciones Copiapó


Copiapó, 27/10/2018

 
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