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Padre Juan de Castro:
Una vida coherente y un ejemplo para todos

“Cálido, inteligente, alegre, sabio, sencillo y muy querido” son algunas de las definiciones que diversas personas dieron de la vida y testimonio cristiano del Padre Juan de Castro, tanto en la propia Iglesia como en su familia y en el ámbito académico, momentos antes de sepultar su cuerpo en el cementerio católico .
Lunes 18 de Junio del 2007
  
Terminada la eucaristía en la Recoleta Dominica, los funerales se realizaron en el Cementerio Católico, donde la urna fue recibida por religiosos de dicha Orden. El Obispo Auxiliar de Santiago, Monseñor Andrés Arteaga, vicarios, sacerdotes, familiares, discípulos y amigos del fallecido religioso participaron en el responso en la capilla del cementerio, donde diversas personas usaron de la palabra para dar testimonio de la enseñanza que dejó el Padre Juan.

Su sobrina Sofía Irarrazábal lo definió como “una persona cálida y afable, además de muy inteligente y culto. Pero, por sobre todo, un gran sacerdote, que nos supo inculcar el concepto de que Dios es un Padre lleno de misericordia, en el que siempre podemos confiar.

Deuda de gratitud

Por su parte, Viviana Díaz, de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, señaló que luego de conocerlo cuando estuvo a cargo de la Vicaría de la Solidaridad surgió entre ellos “un gran cariño, amistad, respeto, solidaridad que nunca vamos a olvidar. Los familiares de las víctimas de la dictadura militar siempre tendremos una deuda de gratitud muy grande con la Iglesia Católica por el trabajo, la acogida que se nos dio”. Añadió que el Padre Juan de Castro “hizo suyas nuestras demandas de verdad y justicia y por eso lo recordaremos por siempre y mantendremos su legado de servir a los demás”.

Marcela Barros, de la Asociación de Mujeres de la Acción Católica, resaltó que el fallecido sacerdote “nos transmitió con el corazón todo el amor al prójimo” y que su vida “ha sido una vida coherente, un ejemplo de vida para todos”.

Por su parte, el Padre Ronaldo Muñoz, compañero de curso desde la tercera preparatoria en el Colegio de los Sagrados Corazones de la Alameda, lo definió como “alegre, discreto, inteligente y buen compañero de todos y de todas, universalmente querido y respetado”.

Saber esperar y perdonar

El Diácono Pedro Flores, ex secretario ejecutivo de la Vicaría para la Educación, aseguró que “nunca vi florecer tanto una institución como vi florecer aquella vicaría”, cuando el Padre Juan era su Vicario. “Nos decía que había siempre que saber esperar y perdonar. Nos hizo crecer a muchos humanamente y también nos mostró el camino del Señor, un Señor cercano y humilde”.

También resaltó el testimonio cristiano del Padre Juan de Castro Alfredo Acle, laico dominico, quien afirmó que de trataba de “un hombre sabio que representaba a Dios en la tierra, un hombre de amistad maravillosa”.

Evangelio y ciencia

Filma Canales, comentarista de cine, lo definió como “la persona más buena y más sabia que he conocido. Había en él esa mezcla de bondad, de sencillez y de sabiduría que lo ha hecho inolvidable. No sólo cumplía al dedillo con el Evangelio, sino que, además, tenía el coraje de avanzar hacia otros temas relacionados con la ciencia”.

Finalmente, el Diácono Enrique Palet destacó dos obras impulsadas por el padre Juan de Castro en la Vicaría de la Solidaridad: buscó la descentralización de la entidad, “porque ésta no era sólo un organismo eclesial, sino una labor de solidaridad asumida por todos los cristianos”. Y, en segundo lugar, animó al Cardenal Silva Henríquez a elaborar un documento de trabajo acerca de la solidaridad, basado en la parábola del Buen Samaritano, que contiene todo el sentido de que la caridad tiene para la Iglesia.

Los restos del Padre Juan de Castro fueron sepultados en el Cementerio Católico, en el mausoleo de los Dominicos, Orden a la que se incorporó en los últimos años de su vida.

Testigos de su entrega

Cientos fueron los fieles que se dieron cita para agradecer y despedir al Padre Juan de Castro. Muchos eran políticos, economistas o abogados. También hubo alumnos de la Universidad Católica, feligreses que tuvieron la suerte de conocerlo y compañeros de ruta en las Vicarías de Educación y de Solidaridad. Todos ellos querían compartir el testimonio de un sacerdote fiel en lo pequeño y en lo grande, en lo público y en lo privado. A continuación algunas palabras de agradecimiento de ellos.

Una luz de esperanza

Jaime Naranjo, senador: “Él fue una palabra de aliento, una luz de esperanza en momentos muy difíciles para nuestro país. Además vio el rostro de Cristo en las diversas actividades que le correspondió desarrollar desde el punto de vista pastoral, académico y de respeto por la vida. Por consiguiente, hoy día mucha gente ha venido a rendirle un sentido homenaje en reconocimiento a su labor y a agradecerle infinitamente que en momentos en que vivíamos momentos de oscuridad, él fue una luz de esperanza para muchos de nosotros”.

Defensor y educador

Edgardo Riveros, subsecretario del Ministerio Secretaría General de Gobierno: “Estamos rindiendo homenaje a una persona que en su vida dio testimonio en aspectos tan vitales como la dignidad de la persona humana”. Al mismo tiempo destacó su faceta de formador tanto en la Universidad Católica, el Seminario Pontificio, como en la Vicaría para la Educación. “Para todos los chilenos y chilenas esta es una pérdida importantísima, pero que deja un legado trascendental para nuestro país”.

Un hombre muy querido

Andrés Aylwin, abogado defensor de causas de derechos humanos, dijo: “Fue un hombre de gran generosidad, un sacerdote muy carismático con un gran compromiso con los pobres, con los que sufren y con los derechos humanos. Creo que el papel que desempeñó en la Vicaría para la Solidaridad es insustituible. Fue un gran pastor, un hombre muy querido -usted ve la iglesia llena de gente- un hombre admirable al cual muchos tenemos mucho que agradecer”.

Los gestos que él tuvo no los vamos a olvidar

Viviana Díaz, vicepresidenta de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos, señaló: “Nos tocó conocerlo en momentos muy difíciles de nuestras vidas. Cuando llegó desde la Zona Oriente a la Vicaría de la Solidaridad aprendimos a conocerlo y él a nosotros. Realmente fueron años de mucho apoyo y por eso estamos acá para despedirlo, para decirle que lo queremos mucho, que vamos a recordarlo siempre. Porque no habiendo tenido antes ningún contacto con familiares de víctimas, aprendió a conocer el dolor que nos afligía y a ser parte de nuestra demanda de búsqueda de verdad y de justicia. Lo sentimos siempre muy al lado nuestro”. Añadió: “Recuerdo que estaba recién llegado a la Vicaría de la Solidaridad cuando nosotros (la agrupación de familiares) nos encadenamos a las rejas del Congreso Nacional, fuimos detenidas y se nos aplicó la Ley de Seguridad Interior del Estado. Él nos visitó junto a todos los vicarios de Santiago en la Corte de Apelaciones y anteriormente en la casa correccional. Esos gestos que él tuvo en su momento, en que eran muy pocos los que estaban a nuestro lado, uno nunca los va a olvidar y más aún cuando un gran número de nosotros no era creyente, pero esto a él nunca le importó. Esa era la Iglesia del Cardenal Silva Henríquez que fue la que nos brindó todo su apoyo y solidaridad en un momento muy duro de nuestras vidas”.

La generosidad

Sofía Silva, sobrina nieta del Padre Juan de Castro, cuenta que “siempre fue muy cercano, muy disponible. Él bautizó a todos sus sobrinos y sobrinos nietos. Tenemos mucha pena, pero sabemos que la gente santa está en el cielo. Estuve hace menos de tres semanas con él y lo que más recuerdo es su generosidad, siempre estaba dispuesto a estar con nosotros”.

Sacerdote multifacético

Monseñor Cristián Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar de Santiago, dijo a la prensa después de la Misa de Exequias: “El Padre Juan de Castro vivió un sacerdocio junto a nosotros por cerca de 50 años. Fue un hombre muy querido, sacerdote multifacético, muy preocupado de buscar a Dios en las personas y ayudando a que las personas encontraran a Dios. Por eso es el hombre de los grandes estudios. Antes de entrar al Seminario estudió medicina, luego estudió psicología, y así fue un hombre que buscó en los padres de la Iglesia y en la Sagrada Escritura, siempre para comprender mejor el misterio del corazón humano”.

De su paso por la Vicaría de la Solidaridad indicó que era un trabajo “de mucha abnegación y negación de sí mismo para cumplir con los deseos de la Iglesia y de los obispos que le encomendaron una tarea tan trascendental para nuestra patria”. Recordó que el Padre Juan fue colaborador de los Cardenales Silva, Fresno, Oviedo y Errázuriz en puestos clave para la Arquidiócesis. Respecto a su ingreso a la Congregación de los Padres Dominicos dijo: “Quiso dar este paso hacia una vida de mayor reflexión y vida comunitaria como es el caso de los padres Dominicos”. Sobre su legado rememoró el texto pronunciado por el Provincial de la Congregación al final de la Eucaristía. “Él quisiera que todas las personas se presentaran como Jesucristo, desprovistos de todo, vale decir, confiando en Dios. El entregar la vida y confiar en las promesas de Dios fue una de las grandes virtudes del sacerdote Juan De Castro”.

Fuente: DOP www.iglesiadesantiago.cl


Santiago, 18/06/2007