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Monseñor Carlos González, un hijo de la Iglesia de Santiago

Hondo pesar se vive en la Arquidiócesis de Santiago por el fallecimiento de Monseñor Carlos González Cruchaga, Obispo emérito de Talca. El prelado nació y fue ordenado sacerdote en la capital.
Lunes 22 de Septiembre del 2008
Profundo pesar se vive en diversos sectores de la Arquidiócesis de Santiago luego de conocerse el sensible fallecimiento de Monseñor Carlos González Cruchaga, Obispo emérito de Talca, ocurrido en la noche del 21 de septiembre en su residencia de la capital del Maule.

Monseñor Carlos González fue un hijo de la Iglesia de Santiago. Nació en esta ciudad el 8 de junio de 1921. Hijo de Guillermo González Echenique y Elena Cruchaga Tocornal.
Realizó sus estudios en el Colegio San Ignacio, de los Padres Jesuitas, y en 1937 ingresó a la Universidad Católica a estudiar Agronomía, carrera que suspendió el año 1938 cuando tomó la decisión de entrar al Seminario Mayor de Santiago para hacerse sacerdote. Como parte de su formación sacerdotal, cursó estudios en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, los que le dieron el grado de Bachiller y Licenciado en Teología.

El 23 de septiembre de 1944 fue ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Santiago, por Monseñor José María Caro. Su primera misión fue en la Parroquia San Joaquín, donde ejerció como Vicario Cooperador entre los años 1944 y 1946.

Durante sus pimeros años de sacerdote, Monseñor González cumplió múltiples tareas pastorales. Fue Asesor Nacional de la Juventud Obrera Católica (JOC), de 1947 a 1949; Párroco de la Parroquia Cristo Resucitado, en Santiago, el año 1949. En 1950 inició una amplia y fecunda labor en el Seminario Pontificio de Santiago, tarea que ocuparía gran parte de su vida sacerdotal. Allí, fue Prefecto de Teólogos y Director Espiritual hasta que en 1962 fue nombrado Rector del Seminario, cargo que cumplió durante cuatro años. En el mismo período asumió como Asesor Nacional de los Universitarios Católicos y fue director espiritual de cientos de personas, lo que refleja su gran preocupación por la formación interior de los cristianos.

Testimonios

Amor a Jesucristo y al prójimo

El Presbítero Alfonso Baeza, ex Vicario de la Pastoral Social y de los Trabajadores de Santiago, recordó a Monseñor Carlos González como el pastor que lo impulsó a su vocacional sacerdotal. "En gran parte le debo a él el hecho de que acepté el camino del sacerdocio. Él era en ese entonces Director Espiritual del Seminario Pontificio, y fue él el que me dijo que estaba listo para entrar al seminario, sin que yo me diera cuenta.", señaló. Por otra parte, dijo que el gran legado de Monseñor Carlos González fue su gran amor a Jesucristo y al prójimo. "Este legado es importante difundirlo, porque todos necesitamos de él y seguir su ejemplo".

En relación a su compromiso con la defensa de los derechos humanos, el Pbro. Alfonso Baeza señaló que éste se fundamentaba en el Evangelio. “Él tuvo conocimiento de las violaciones y, por lo tanto, no pudo optar por otra posición que la que corresponde desde el Evangelio: ser testigo de la defensa de los derechos de los más pobres, de la dignidad de la persona humana".

Un contemplativo

El laico Roberto Urbina, coordinador general de Caritas Chile, fue secretario privado de Don Carlos González durante 5 años, desde mayo de 1967, poco después que el prelado asumiera como Obispo de Talca, lo tuvo como su padre espiritual. “Fue siempre un contemplativo, un hombre que supo ver a Dios en las personas. Esa experiencia de Dios presente en lo cotidiano lo hizo ser un buscador de la paz, con la gran libertad interior de los hijos de Dios. Fue un hombre libre de las ataduras de las formas y profundamente enamorado del Señor. Por eso logró una paz muy profunda que la expresó en los últimos días de su vida. Estuve acompañándolo el viernes y sábado en Talca y era la muerte de un hombre que vivía en paz, con un rostro luminoso, muy tranquilo”.

Agrega Roberto Urbina que “lo principal es que siendo un hombre de Dios supo estar al servicio de la gente como lo hizo Jesús, en su realidad más profunda de ser humano, en su dignidad de hijos de Dios. Por eso Don Carlos un nunca le hizo el quite a los problemas, y era un crítico profundo. Para el país representó un aporte importante en los derechos humanos, en la lucha por la justicia, por los pobres. Desde cura joven, ya en el grupo San Manuel, empezó comprometido con la gente más pobre, los más abandonados. Ha sido un aporte porque ha formado mucha gente que ha reproducido este mismo estilo de vida y estos mismos valores, que son los del Evangelio.

Fuente: DOP Santiago - www.iglesiadesantiago.cl


Santiago, 22/09/2008
 

 
 
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