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Un día de fiesta para la Iglesia de Santiago

Con dos nuevos sacerdotes cuenta la arquidiócesis. Cardenal Francisco Javier Errázuriz ordenó a los diáconos Guillermo Greene y Javier Concha, en la mañana del sábado 8 de noviembre.

Durante una concurrida eucaristía en la Catedral Metropolitana, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz ordenó a dos nuevos sacerdotes: Guillermo Greene y Javier Concha. “Es un día de fiesta y de alegría para nuestra Iglesia de Santiago”, dijo el prelado al inicio de la celebración que fue concelebrada por los Obispos Auxiliares Cristián Contrreas Villarroel y Andrés Arteaga. También concelebraron los Vicarios Episcopales, el deán de la Catedral, miembros del Cabildo Metropolitano, el rector del Seminario Pontificio Mayor y decenas de sacerdotes.

Hasta el principal templo de la capital llegaron familiares y amigos, fieles de las comunidades parroquiales de origen (San Pedro de Las Condes y Nuestra Señora del Carmen de Ñuñoa) y de destino de los nuevos presbíteros. Entre los asistentes destacaron grupos de jóvenes de las parroquias Nuestra Señora de las Mercedes de Puente Alto y de San Pedro de Las Condes.

Momentos emotivos

Luego de la lectura del Evangelio, el rector del Seminario Pontificio Mayor de Santiago, Monseñor Fernando Ramos, presentó a los entonces candidatos al orden sacerdotal. Ellos han cumplido con todas los requisitos de preparación al presbiterado, dijo el rector. Otro momento significativo de la celebración tuvo lugar cuando se invocó a los santos, a través del canto de las Letanías, para que en todo momento acompañen y protejan a los ordenados. Posteriormente, vino la imposición de las manos por parte de todos los sacerdotes presentes. La entrega de los ornamentos por parte de los padres de los nuevos presbíteros fue otro momento especialmente emotivo.

Un día de gracia

El Cardenal Errázuriz comenzó señalando en su homilía que era una muy feliz coincidencia que esta ordenación tuviera lugar en el día de inicio del Mes de María. “La Providencia de Dios nos regala –dijo- iniciar este mes de María celebrando la ordenación sacerdotal de nuestros hermanos diáconos Javier y Guillermo. Por la imposición de las manos y la oración consagratoria serán para siempre sacerdotes de Jesucristo para amar y servir, celebrando los misterios de Dios, apacentando el rebaño y anunciando a tiempo y a destiempo, por desborde de gratitud y alegría, el amor que los ha conquistado y le ha dado pleno sentido a sus vidas. La Providencia también les regala a estos diáconos acoger el don del sacerdocio ministerial en un tiempo de gracia en el que la Iglesia peregrina en Latinoamérica nos invita a recomenzar desde Cristo para que, con nuevo ardor, seamos mejores discípulos y misioneros suyos”.

Más adelante, el Arzobispo de Santiago reflexionó sobre las lecturas bíblicas y el Evangelio elegidos por los nuevos sacerdotes.“Cuando ustedes eligieron este evangelio, en sus corazones latía la certeza de que el sacerdote, que ha sido llamado gratuitamente de entre los hombres, debe hacerse servidor de todos (cf. Gal 3, 29) al modo de Jesús. La misión ciertamente es muy superior a las fuerzas humanas, porque el desafío no es, en primer lugar, hacer algunas cosas, sino ser como una transparencia suya en medio de las comunidades que él confía, encarnando la profundidad de los gestos, de las palabras y de la vida de Jesucristo, configurándose cada día más con Él para darse de lleno en el apostolado, bajo la conducción del Espíritu de Cristo. (cf. PDV 15s)”. Y agregó el Cardenal Errázuriz en su homilía: “Con esa certeza de la fe emerge el desafío que nos propone Aparecida: confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia desde el encuentro con Jesucristo (cf. DA 11) en la lectio divina, en la oración personal y comunitaria de la liturgia de las horas, y de toda oración, en el servicio a los atribulados, en la meditación personal y especialmente en la celebración diaria de la santa Eucaristía. Sólo comenzando desde Cristo, “desde la contemplación de quien nos ha revelado en su Misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido” (DC 41,) podremos conocer entrañablemente al Buen Pastor, hacer propios sus sentimientos y aprender a hacer vida las grandezas del Señor para ser testigos ardientes de su amor”.

La eucaristía daria

“Buscando una vivencia plena del sacerdocio, la Eucaristía ocupará un lugar central en la vida de ustedes. En ella, como otro Cristo, el ministro hace suyas las palabras del Señor: “Éste es mi cuerpo”, “ésta es mi sangre”. La misa es el lugar donde Cristo y el sacerdote se hacen uno para donarse espiritual y existencialmente a los hermanos. Por ello, la celebración de la Fracción del Pan es la cumbre y la fuente de nuestra jornada. Hacia ella el sacerdote ha de conducir todo su ministerio. En ella arde su corazón con el fuego del amor de Dios que él acoge, y que lo enciende con los mismos sentimientos de Jesús. Desde ella su misión adquiere sentido y consistencia. La misa no es una actividad más dentro de nuestro quehacer cotidiano, es el corazón del ministerio sacerdotal desde donde surge toda su fecundidad y su alegría”, señaló el Arzobispo de Santiago.

En otro parte de su homilía, el Cardenal Errázuriz manifestó: “Muy unido a nuestro ministerio pastoral, en el servicio a los enfermos y a los pobres, en la confesión y la vida de oración, está la valoración de las pequeñas cosas de cada día. Muchos centran su preocupación y aun su alegría en los trabajos más reconocidos y valorados por los demás en el aplauso del mundo, en que se les nombre y sean públicamente valoradas sus obras. Sin embargo, ante nuestra atención ha de estar en primer lugar el valor de lo pequeño, de lo cotidiano, de aquello que acontece cada día, en lo cual se expresa la fe, el amor y la esperanza. Queremos apoyar los caminos de santidad en la vida cotidiana, en el trabajo, en el hogar. Y también queremos recorrerlos personalmente en la visita a un enfermo y a un encarcelado, en las obras de la caridad, en las renuncias ofrecidas en silencio, en la oración de todo momento, en el servicio con celo apostólico. Todo ello, vivido a partir del encuentro con Cristo, será una escuela de vida interior y santidad, un camino privilegiado para crecer en el discipulado misionero y sacerdotal. Queridos hermanos, nuestro ministerio es elección y gracia de Dios. Estamos llamados a vivirlo día a día, siempre, en su presencia. No vivimos ni por conveniencias ni con los criterios del mundo, no buscamos la gloria ni el reconocimiento, sino seguir el camino de todos los días con la sencillez y la disponibilidad de la Virgen María, ante nuestro Dios para quien nada es imposible, pero que cuenta con nuestra respuesta de disponibilidad y de amor”.

Finalmente, el Arzobispo de Santiago agradeció a los padres y familiares de los nuevos sacerdotes y también a las comunidades parroquiales donde se iniciaron. “En este día de bendición quiero dar gracias a los padres de nuestro diácono Javier, a don Roberto y a la Sra. Virginia, y a los padres de nuestro hermano Guillermo, don Guillermo y la Sra. María Soledad, como asimismo a sus hermanos y a sus familiares. Sus hogares han sido la cuna de la vocación sacerdotal de sus hijos. La educación y el ejemplo que les dieron y la transmisión de la fe han sido claves para que ellos hoy lleguen a este momento de gracia. Su compañía futura será muy importante para el ejercicio de su ministerio. También quiero expresar la gratitud de nuestra Iglesia de Santiago a las parroquias Nuestra Señora del Carmen de Ñuñoa y San Pedro de las Condes, sus comunidades de origen, a los lugares donde sirvieron pastoralmente durante estos años, y especialmente a nuestro Seminario Pontificio Mayor, cuna y corazón de la diócesis, que con tanto cariño los ha acompañado en este tiempo y ha preparado esta celebración. Agradezco de corazón a sus formadores como también a los sacerdotes, las religiosas y a tantos que los ayudaron a descubrir su vocación o que la acompañaron durante estos años con su oración y su esperanza. Gracias también a todos ustedes, que los acompañan esta mañana, y que así comprometen su oración y su apoyo a lo largo de toda su vida como sacerdotes de Jesucristo. En el fondo de este presbiterio contemplamos a María Asunta al cielo, a quien está dedicada esta Iglesia Catedral. Con mucha fe le pedimos a ella, madre de los sacerdotes, que los acompañe en su ministerio, que les ayude a forjar un corazón semejante al de su Hijo. Y haciéndonos eco de esa hermosa oración que hizo san Alberto Hurtado a la Virgen, digámosle con confianza y cariño al inicio de su mes: María, míralos, si tú los miras, Él también los mirará. María míralos, y de la mano llévalos muy cerca de Cristo, que es donde quieren estar”, terminó señalando el Cardenal Francisco Javier Errázuriz.

Gratitud de los nuevos sacerdotes

Al término de la eucaristía, el recien ordenado sacerdote Javier Concha tuvo emotivas palabras de gratitud, a nombre suyo y del P. Guillermo Greene. Agradeció en primer lugar a Dios Padre por haberlos elegidos para el sacerdocio; a sus padres y familiares por haberlos acompañado en el crecimiento de la fe; a la Iglesia que creyó en ellos y les dio la formación, y a todos quienes de alguna u otra manera los acompañaron en su vocación al sacerdocio.

- Homilía completa del Cardenal Errázuriz

Fuente: DOP Santiago - www.iglesiadesantiago.cl



















Santiago, 08/11/2008
 


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