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En misa de los 70 años del terremoto:
Obispo de Chillán invitó a ser dignos herederos de las víctimas y sobrevivientes de 1939

"El Señor nos invita a sacar lecciones del pasado y renovar nuestros esfuerzos para seguir reconstruyendo nuestra sociedad ñublensina sobre la roca firme", manifestó monseñor Pellegrin.
Lunes 26 de Enero del 2009
  
Un clima bastante especial se vivió el domingo, entre los fieles que asistieron a la misa de mediodía, en la Iglesia Catedral de Chillán. Era el cierre a los actos de conmemoración de los 70 años del terremoto y un momento ideal para elevar plegarias por todas las víctimas que perdieron la vida trágicamente aquel 24 de enero de 1939.

La historia de los pueblos se construye a cada instante, pero sin duda alguna, hay acontecimientos que marcan para siempre la identidad de su gente. “Son estos sucesos los que cambian la vida de una comunidad, dejando profundas huellas en el alma de sus habitantes, que se perpetúan en la memoria colectiva para que las nuevas generaciones reconozcan en esos hechos enseñanzas para su propia vida”, manifestó el pastor diocesano.

A siete décadas del terremoto, “sentimos que Dios nos invita a conmemorar el terrible evento procurando la comunión entre nosotros, y reconociendo el tesón de nuestros antepasados, quienes a punta de esfuerzo y sacrificio, se quedaron en esta tierra rehaciendo sus accidentadas vidas y levantándose, no sólo desde las cenizas, sino que también heroicamente superando el trauma del triste suceso que quedó en la memoria como un verdadero fantasma”, dijo el obispo.

Asimismo, invitó a respetar la memoria de nuestros antepasados, siendo “dignos herederos de su legado de lucha y de esfuerzo, procurando el bien común a través del encuentro, la solidaridad, y el diálogo fecundo”. Al respecto, agrega que debemos sentirnos interpelados por el Señor, quien nos llama a la conversión y al gozo de su seguimiento. Sólo así, podremos sacar lecciones del pasado y renovar nuestros esfuerzos para seguir reconstruyendo nuestra sociedad ñublensina sobre la roca firme, subrayó.

Por otra parte, recordó a monseñor Jorge Larraín Cotapos, quien debió asumir el desafío de la reconstrucción urbana de templos, capillas, casas parroquiales, y escuelas, destruidas por el terremoto. Gran parte de su episcopado fue marcado por la planificación y reconstrucción que incluyeron, entre otras, la Catedral, la Cruz Monumental, la parroquia de la Merced, Santo Domingo, y San Vicente; para lo cual contó con el apoyo de generosas familias de Chillán y su sobrino Hernán Larraín Cotapos, arquitecto de la Catedral.

Finalmente, señaló que –sin movimientos de tierra- nuestra Patria constata otros tipos de terremotos que la azotan como: la injusticia, la desigualdad social, la falta de atención a los más desvalidos, la situación de postergación de muchos jóvenes y mujeres, entre otros que afectan a los más pobres. Más recientemente, agrega, un verdadero sismo de proporciones afecta la zona y a su vida agrícola; trayendo angustia y desconcierto en la familia campesina que ve mermado sus ingresos como fruto de un mal precio de sus productos y la lentitud en solucionar el problema. “Los signos de esperanza, que constatamos en las últimas semanas, fruto del diálogo y del encuentro que son siempre el único camino de solución, son la esperanza para superar este nuevo momento de adversidad”, puntualizó.

Fuente: Comunicaciones Chillán


Chillán, 26/01/2009